Capitulo Final : ¡Entre llamas!
Otra vez era uno de esos días en los que despertaba a mitad de la noche sintiendo escalofríos. Por enésima vez, los gritos ardientes en ira y sufrimiento resonaban alrededor del castillo. Eran más que simples gritos; parecían un canto tortuoso que intentaba penetrar en lo más profundo de mi mente.
Me levanté de mi cama con intenciones de mirar por la ventana. Tenía miedo, pero aun así me asomé por la ventana y miré hacia la luna buscando algo de consuelo en su fría luz. Sabía que no debía asomarme por la ventana, pero no pude resistir. Caminé despacio, sintiendo cómo el frío suelo helaba mis pies descalzos. La luna estaba ahí, alta y brillante, pero su consuelo no era suficiente. Los gritos, parecían volverse más agudos, hasta el punto de perforar mis pensamientos.
Si prestabas atención a esos gritos, comenzaban a consumirte poco a poco como el fuego, hasta hacer tu pecho arder. Era una mezcla de dolor y rabia, un ardor que me sofocaba por completo. Los gritos no solo eran ruido; eran un canto, un lamento sufrido.
Intenté ignorarlos, pero eran insoportables. Salí corriendo de mi habitación,
buscando a alguien, a cualquiera. Pero el castillo estaba vacío. Las salas, los pasillos, las habitaciones, no había guardias, ni sirvientes, ni miembros de la familia real. Era como si el castillo entero hubiera desaparecido.
Mi cabeza estaba ardiendo, mi corazón se tornaba en llamas y poco a poco mis venas llevaron esa espantosa sensación a todo mi cuerpo. Caí de rodillas en medio de la sala principal, llevándome las manos a las sienes, tratando de apagar el fuego que quemaba mi mente.
Tan pronto encontré fuerza para levantarme salí corriendo del castillo en busca de ayuda y sin pensarlo dos veces me adentré en el bosque que llevaba a la ciudad. Corría lo más rápido que podía, pero mi cuerpo estaba agonizando. No podía sentir el frío de la noche ni mi respiración. La cabeza me daba vueltas y justo cuando pensé que llegaría mi fin sentí como un hombre me tomó de la cintura y poco después me rodeo con sus brazos.
Él no dijo nada al principio. Solo me sostuvo. Podía sentir su altura y su fuerza, pero también la delicadeza con la que me sostenía, como si supiera exactamente cuánto había sufrido.
Me sentía tan débil como para hablar en ese momento. Los latidos de mi corazón se hacían cada vez más y más fuertes y mi vista estaba borrosa, pero alcancé a distinguir sus ojos. Oscuros, profundos, llenos de misterio y tristeza. Estaba a punto del colapso cuando sentí sus colmillos hundirse en mi pecho y gracias a eso, el dolor comenzó a disiparse. No había duda de que ese misterioso joven era un hermoso vampiro.
No sabía si se debía a que había experimentado tanto dolor previamente durante la noche, pero aquella mordida no me había dolido en lo absoluto. Por el contrario, era bastante satisfactoria y placentera. Era extraño, pero sentía como si mi cuerpo estuviese acostumbrado a aquella sensación previamente. Era claro que lo que estaba pasando en ese momento me estaba gustando, mi sangre estaba derramándose, pero sentía alivio, en lugar de dolor. Era como si su mordida absorbiera todo el fuego que
me consumía y con cada gota de sangre que perdía, mi cuerpo parecía enfriarse y calmarse. La calidez de su presencia y el extraño placer de la mordida me llenaron de una paz que no había sentido en años.
Quise agradecerle, pero antes de que pudiera decir una palabra, él selló mis labios con un beso suave mientras acariciaba mi mejilla.
Cuando retiró sus labios de los míos, me miró con algo que parecía entre nostalgia y culpa.
—Tranquila, Lingyan —dijo el hermoso vampiro con una dulzura que me desarmó.
Reconocí su voz. Aunque habían pasado años, nunca lo había olvidado. Se trataba de Shenyin, el guardaespaldas del príncipe Zixuan, el vampiro que había sido mi primer amor.
Me sobresalté cuando pronunció mi nombre, pues en el pasado yo lo había dejado ir porque siempre creí que lo nuestro sería imposible. Quizás debía de estar asustada por sus actos tan repentinos, pero ya era demasiado tarde, pues había caído nuevamente ante él y sus encantos. Él era bastante apuesto para ser un vampiro y esa mirada suya era tan profunda que solo hacía que me estremeciera. Me perdí por un largo rato en su mirada hasta que él dirigió su mirada hacia abajo.
Miré al suelo por un momento y me percaté de que las pequeñas flores blancas que crecían en medio del pasto se habían teñido de rojo y en un abrir y cerrar de ojos, mis pies estaban envueltos por un charco de mi propia sangre. Me paralicé al ver tanta sangre brotar de mi cuerpo. Traté de aferrarme a Shenyin, pero él me empujó haciéndome caer al suelo.
—Volveré por ti… pero no me olvides —dijo con una voz rota.
Una lágrima recorrió su mejilla, y su dolor se reflejó en sus ojos.
—Aunque parece que tu corazón ya me olvidó por completo.
Antes de que pudiera decir algo, Shenyin se desvaneció en medio de la oscuridad, dejándome en medio de mi propio mar de lágrimas. Estaba completamente sola, lo único que me hacía compañía era mi reflejo que se alcanzaba a ver como una pintura en medio de mi propia sangre. Caí de rodillas, mirando mi reflejo en el charco de rojo profundo. Pero no era solo mi rostro lo que veía. Las imágenes del pasado comenzaron a aparecer en mi mente, como si la mordida de Shenyin hubiera desatado recuerdos que llevaba años enterrando.
Vi a Zixuan, el príncipe heredero, el hombre al que había amado ciegamente. Recordé su sonrisa, sus promesas de amor eterno, y el día en que lo vi morir. Incluso intente acariciar ese recuerdo tan vivo. Pero la visión cambió. Lo vi levantarse, ileso, con una sonrisa fría en su rostro. Había fingido su muerte. Me había abandonado. Lo vi marcharse, dejando atrás a Shenyin, herido por haber intentado detenerlo.
Y luego lo vi a él, a Shenyin, regresando al bosque, herido, solo. Recordé el momento en que lo encontré. Lloraba desconsolada, y él intentó consolarme. Pero en lugar de aceptarlo, lo culpé de la muerte de Zixuan. (En el fondo siempre había estado resentida con Shenyin porque el día en el que le regalé un retrato que le había hecho, él a penas si lo había aceptado y desde entonces él se había distanciado. De alguna
manera interpreté sus acciones como un rechazo y eso me había hecho sentir como una completa tonta).
Él era un vampiro y Zixuan un mortal por el que había rechazado mis propios gustos y sueños. Había elegido al mortal porque creía que eso le restaría complicaciones a mi vida y dejé ir al vampiro porque pensaba que una mujer como yo sería insuficiente para él.
Todo este tiempo había estado tan ciega por mis resentimientos. Shenyin siempre había estado ahí, protegiéndome, incluso cuando yo lo había apartado de mi lado. Ahora me sentía tan arrepentida de haberle prometido a Zixuan que compartiría su rabia hasta el día en que vengará su muerte. Me alejé de Shenyin y del mundo, hasta olvidarme de quién era yo y de todo lo que me rodeaba. Mi sangre estaba envenenada por la venganza que albergaba dentro de mi corazón. Me había perdido en el camino.
Aquellos gritos que me atormentaban noche tras noche eran los gritos sufridos de Zixuan, que sin darme cuenta me hacían entrar en un estado de fuego, donde las llamas de venganza buscaban apoderarse de mi ser.
Por eso desde entonces mi corazón se sentía tan vacío, a falta de amor hacia mi ser y la vida. ¿Cómo no lo había visto antes? Por eso mi corazón se sentía tan pesado cada mañana, lleno de barreras hacia el amor y enormes llamas de venganza que me consumían el alma.
Lo único que deseaba en esos momentos era ver a Shenyin, para disculparme y agradecerle por haberme traído de vuelta a la vida.
Esa noche, meses después, Shenyin regresó. Estaba de pie bajo la luz de la luna, exactamente dónde nos habíamos despedido.
Corrí hacia él, sin pensarlo. Cuando estuve frente a él, las palabras se atoraron en mi garganta.
—Shenyin… lo siento tanto —susurré, con lágrimas en los ojos.
—No tienes que disculparte, Lingyan. Tú… solo viste lo que Zixuan quería que vieras.
Extendí una mano para tocar su rostro, y él cerró los ojos dejándome acariciarlo.
—Fui una tonta al no creer en ti. Tú siempre fuiste bueno conmigo, y yo estaba tan molesta conmigo misma por tener tanto miedo y no ser directa contigo respecto a mis sentimientos.
Sus ojos se abrieron, y en ellos vi algo que no esperaba: esperanza.
—Yo… siempre supe lo que sentía por ti, Lingyan —dijo en voz baja—. Pero pensé que Zixuan podría darte una vida que yo no podía. Soy solo un vampiro. No puedo darte una vida tranquila. A mi lado siempre hay complicaciones…
Lo interrumpí antes de que pudiera seguir.
—Shenyin, yo solamente quiero a alguien que me ame y que quiera estar a mi lado tanto como yo quiera estar al lado del suyo. Y para ser sincera con el único que realmente desee estar fue contigo.
Él me miró como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar. Entonces, me tomó entre sus brazos con todas sus fuerzas y me besó con mucha ternura. Bajo la luz de la luna, nos dejamos consumir, no por el fuego de la venganza, sino por la calidez del amor que finalmente compartíamos.
Shenyin no era un príncipe, pero era mucho más. Era un ser con el que podía caminar libremente y con cada paso que daba a su lado podía expandirme, incluso en medio de las llamas.
Al final comprendí que el fuego que me consumía nunca fue mi enemigo, solo esperaba que aprendiera a abrazarlo, a convertirlo en algo que me diera vida en lugar de arrebatármela. El fuego buscaba ser integrado en mi corazón, pero nunca me había detenido a mirar la verdad que las llamas de ese ardiente fuego me gritaban, hasta que en medio del caos Shenyin me hizo ver que la única fuerza que podía transformar las llamas en algo más cálido era el amor.
FIN