Capitulo 0: Prólogo
“Dedicado a mi novia y a mi hermana.
Mis cómplices en cada historia que pueda crear mi cabeza”
Prologo
En un autobús turístico que regresaba de su recorrido, un matrimonio terminaba sus vacaciones, un hermoso viaje de dos semanas para dos personas. El hombre, chaparro y carismático, con una cabeza medio calva, se había inscrito en un concurso sin decirle nada a su mujer. Su esposa, Marta, una señora de cuarenta y seis años, aunque su rostro reflejaba las experiencias vividas, era delgada y ligeramente más alta que su esposo. Su cabello corto y negro hacía juego con sus ojos cafés, que enamoraban a su esposo cada día.
Marta había superado un pasado difícil, un primer matrimonio fallido con un hombre violento y borracho que la había dejado con cicatrices físicas y emocionales. Pero gracias a su esposo actual, Carlos, había encontrado la felicidad y la estabilidad que siempre había buscado.
—Ya es tarde, ¿no? —dijo Marta, mirando el reloj.
—Un poco, pero ya casi regresamos para ver a nuestra pequeña —respondió Carlos, sonriendo.
Aquel matrimonio tenía una hermosa pequeña, fruto de su amor. Pero ella no los acompañaba en el viaje, ya que la habían dejado con los abuelos paternos por temas de estudio.
Marta pensó en su hijo mayor, Alexander, un joven exitoso que siempre la había hecho preguntarse cómo logró superar su pasado. Su relación con él era complicada, después de todo lo que había pasado.
—Ya estamos cerca —dijo Carlos.
—Eso veo. Oye, ¿cómo crees que siga Alexander? —preguntó Marta.
—¿En serio? No entiendo cómo puedes pensar en ese mal agradecido aún —respondió Carlos.
—Es mi deber, aún soy su madre —dijo Marta, con una mezcla de tristeza y determinación.
De repente, el autobús se sacudió violentamente. El conductor gritó y el vehículo se desvió de la carretera, que bordeaba un profundo barranco. Marta se agarró a Carlos, aterrorizada.
—¿Qué pasa? —gritó.
—No lo sé —respondió Carlos, intentando mantener la calma.
Pero era demasiado tarde. El autobús perdió los frenos y se precipitó hacia el abismo. La última cosa que Marta vio fue el rostro aterrorizado de Carlos, antes de que todo se volviera negro.
En ese instante, su pequeña, que esperaba ansiosa su regreso, se quedó sola en el mundo, sin los padres que la amaban y la cuidaban. La noticia del accidente llegaría pronto a sus oídos, y su vida cambiaría para siempre.
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