El Exorcista de los Anhelos

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Capítulo 6: Tribu de Uno

Tribu de Uno  
                                                                                                 Autor: Vanessa Sosa  

                                                                                                                
Orar nos hace justos, como uno, como dos, como tres. Somos parte de estas granjas de reserva inquieta. Donde a la mudez aguarda una estampida engalanada. Reserva de otros tiempos, unificados en el cosmos  génesis de esta aldea que es nuestra más amada creación. Jardín de rosas azules en la que nos conocimos; engendro de tótems o no, no mancillamos a la suerte de lo insalvable.    

 Augusta angustia que es se anhelo de presentes mañanas, tardes y noches de irisdecentes vientres dibujados en el ósculo de postradas estatuas; vivientes que regulan al gas pimienta de centrales y ciegos proverbios. Mis mañanas de esta pimienta incorrupta somete al dominio del existir. Pasto en la hegemonía de este ingenio que son las criaturas que más someten a los designios de los vivientes. Ciegos en este mundo de seda fina. Más pérfidos.         

Nos vimos, unificados en los amuletos incrustados en nuestras gargantas. Uñas donde perfilaron el mensaje de mi etéreo eterno en vilo, donde se encuentra esta tribu de uno, que es dos y también tres. Magnánimo a la espera de un exorcista invocado. Porque soy el exorcista nacido de tu sangre, eje y corazón.     

Condecoro magnánimo. Condecoro magnánimo.
Condecoro magnánimo. Condecoro magnánimo.
Condecoro magnánimo. Condecoro magnánimo.
Condecoro magnánimo. Condecoro magnánimo.
Condecoro magnánimo. Condecoro magnánimo.
Condecoro magnánimo. Condecoro magnánimo.
Condecoro magnánimo. Condecoro magnánimo.

Soy principio con eso que hace posible esta era de extrañeza, me dices, retienen en sus preseas de ideas celestes los oráculos de sus ojos. Gestos de cinco sentidos en tus cenáculos vigilantes que en la buena nueva escurren con un presto te amo; una tormenta de corolas y corcioles de sus céntricos futuros. Son estos cánticos en cada una de estas uñas, un génesis de creación escrito en uñas de matices hacía el ímpetu, la creación de un amante, de creación de un consorte, de creación en los albores de las más crudas de tus hazañas. Porque en este país de moribundo edificado, yacen los hilos de las venias que aguardan a la malsana recubierta por protagonistas que son gente sin hogar.   

¿Somos nosotros los vagabundos sin un hogar? Si contaminado con la extrañeza del pacificado en los recuerdos somos una majestad vivida. Somos pétreas historias que en las eras cretenses, son circenses. Somos las crías de estos riscos que son criaturas; quizá efebos, quizá malditos por ambición de otros subyugados; somos principios y finales en la prisión en la que residimos como una tribu de uno.

Condecoro magnánimo. Condecoro magnánimo.
Condecoro magnánimo. Condecoro magnánimo.
Condecoro magnánimo. Condecoro magnánimo.
Condecoro magnánimo. Condecoro magnánimo.
Condecoro magnánimo. Condecoro magnánimo.
Condecoro magnánimo. Condecoro magnánimo.

Consejo que bajan el pedestal de pordioseros y sirenas. Constituyen una indulgencia plenaria en sus almas, un te amo, un porqué, un hasta pronto aferrado al corolario de sus cánticos. Ya no hay más que génesis de creación en albores de miserias afamadas. En el interior de este país dibujado con acuarelas, somos puestos en un jardín de rosas azules.          

Somos tótems adornados con flores de sangre hermosa. Azul lechoso es nuestra sangre etérea, una vivida y esgrimida edificada en la espuma del precioso mar. Vientre de hembras ayunadas y lilas postales. Quedan postradas en ese jardín como estatuas vivientes que regentan, al poniente con la mortificada destreza. Porque, ¿quién es mansalva si no es un nuevo dios? Adornadas nuestras manos con henna.         

Somos criaturas de monstruosidades de esa falsedad que regenta al semblante del desertor, del liberador, del íntimo espacio de espantos en la cúpula de sus coros. Cuadernos donde solemos ilustrar a las cúpulas de sus sueños. Amuletos de sus uñas y un te amo que fue predicho por labios besados por la noche. Una caricia que es salva, insalvable en estos augurios de pétrea historia. Adornan el cosmos con falsos solícitos, adornan el semblante los otros y hacen del más ingrato algo valioso, y, lo que tus manos provoquen con su tacto, te convertirán en un regente, el más noble que jamás haya podido imprimir sus sonrisas a través de mi mundo.    

Refúgiate bajo los arcos de mi amparo, me dices, a la sombra de mis alas, sólo así conocerás palabras de libertad y cantos de esos venideros que dictarán el paso del tiempo que no resiste a lo ingrato, a lo incorrupto, a lo injusto de esos rayos. De desideratas de injusticia dormida.

Porque para soñarte basta con esgrimir mis sueños dulces, para rezarte basta con arrodillarme ante el templo en que perfilé recio, para vivirte doy rienda a mis más álgidas escuchas en el eje de este ingenio como condecoro al magnánimo de sus preseas. Ideas de vigilantes que ciernen la buena nueva de sus vivencias labradas sobre ti y sobre mí, sobre ellos, sobre nuestros regalos; esos dados por tristeza pura de claros ríos, mansos riachuelos y, los mándalas decorosos en el núcleo de tus entrañas.          

No temas que yo guiaré tu sinuoso sendero, señalaré la brecha que te conducirá a dónde crecen los frutos maduros, libres del bocado luctuoso, porque ¿es que no anhelas regocijarte de su exquisita dulzura? Pide y se te dará lo invocado en esta santidad de paz. Descansado a la sombra de un luminario, el adusto frutero de hortalizas, condecora el petrificado eslabón mortal que atrae aojado con su célica música mística y, a los oídos cuyos centros solivianta, timándolos de la fantasía que descienden festoneados hasta cercar el entorno de su alcance solícito.

¿Quién es mar si no tú? ¿Quién es río si no tú? ¿Quién es riachuelo si no tú? ¿Quién es laguna si no tú? Mis principios son tus mañanas preseas, voracidad de mis tardes, vigilante en las noches que adornan a sus testas, a tu insania prudencia, me dices, tus principios y mis fines de frío y de calor. De tibieza con aroma a descansado que este tiempo es mi más grata obra. Uñas donde escribo este mensaje; son los matices de la endemoniada aurora.

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