El Exorcista de los Anhelos

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Capítulo 5: La Muerte de una Falsa Sonrisa

La Muerte de una Falsa Sonrisa  
                                                                                                 Autor: Vanessa Sosa  

Ondea las patrañas de la aldea, pero en este pero nupcial, sus lenguas no dejan de rozarse, de sobre estimularse ahí donde los amuletos persisten. Sus labios se unen, batallan entre espejismos de tafetán. Seda fina en las mareas celestes que dominan sus pasados, presentes y futuros; las rosas contienen los tesoros de cada una de sus identidades. Expresan a las divinidades que regentaron la lluvia entreabierta hará no mucho tiempo; jaula de sirenas, de sagas y gacelas que ennoviaron sus pisadas de muñecas. Esas a la magnitud de esta nobleza de usanzas con ese su hacedor de soledades.

Víctima de los entre vivos amuletos, sobre de ese que en el ambiente desgasta a los que son agentes de paz en estos elaboradas promesas de memorias; se agitan en el decente salivar; escudan sesgos macizos de isabelinas y lustrosas fantasías. Con las más nobles, embaucas con la anatomía de tu sonrisa los herméticos geranios. El arropo que germina entre estos los lugares de espuma; viva, quizá que viven en ti y dentro de mí para soñarte como Evangeline.

Evangelio de tu historia, soñada en este reptar de ascendencia, de nobleza coronada.

Evangelio de tu historia, soñada en este reptar de ascendencia, de nobleza coronada.

Evangelio de tu historia, soñada en este reptar de ascendencia, de nobleza coronada.      
Evangelio de tu historia, soñada en este reptar de ascendencia, de nobleza coronada.      
Evangelio de tu historia, soñada en este reptar de ascendencia, de nobleza coronada.      

Cortocircuitos de caleidoscopios, soñados son agua viva, es un arcoíris sin color, de etapas dormidas que despiertan en el núcleo de esta vía de escape por el que asoman los primeros rayos del Sol, la Luna y las Estrellas. Es un adiós al escritor de la creación que eres y bienvenida a una nueva identidad. Se amolda al sello de tu lengua, que unida a la mía, gobierna un camino de mil amores.

Rebusco en el tiempo un violoncelo de esta maciza bruma que te cubre, vientre de estela de estampas que dedicamos a los ciegos a las más ampulosas sonrisas. A los débiles que son carne perenne en el ejido; dueño mío de la tempestad ingenua. Rememoramos a los espacios en mis huellas; dejo el musgo atado a la cintura de tu endogénesis. Agonía entre nuestros labios; en mis gobiernos; en mis entrañas de cristalinas dunas. Brumas que siembran al ectoplasma de tu identidad verdadera.

Es el mayor regalo. Es el entre dios. De dioses de vastedad; sumisas son tus oraciones. Se unen nuestros cosmos en el eje de cuchillos y enlaces de firmeza esperanzada en el camafeo que cuelga ante estos espacios. Carga de tus miserias. Se ensombrece la intención, la lluvia hecha hembra. La esencia que cae en el instante en que nuestros vientres son demografía de tus meridianos; enterrados. Vivificados. Sonrisas de regencia; sonrisas de magnificencia que son sólo un engaño. Porque hay falsas sonrisas venideras desde los más sensatos y supuestos inocentes. 

Son presea de esencias, escudos de desideratas; saudades de acuarelas. Presencias dormidas, preseas son las más preciosas de las maravillas. Primigenias en este génesis de carne que reluce de beso a beso, de mañana a mañana, de tarde a tarde, de noche a noche estremecidas en estos espacios de riego y siembra en los que hacemos la danza de la extrañeza. Primitiva en la austeridad más amada. Una plaza de cariño de las naranjas de tus mandarinas con esencia de vainilla. Ejecutas este tafetán, esta gamuza, esta seda de entremeses de hazañas. Sierra de tus cimas. Amor por amor que se siembra en lo esgrimido de mis dedos en tus mejillas.

Sonrosada ingenuidad, regueros de estos espacios de donceles y doncellas. Prismas y crismas de cristales alados, pueden ser esta hegemonía de ingenuidad; principios y fines dormidos de dientes de leche y ojos de reptiles semblanzas.

Presentan la estampida de tus hazañas contra las mías. Una faena más. Una tarea de menos al menor de los que vislumbran las luciérnagas de la cuna de la carencia. Entremés estremecido. Rasgos de paletas de caramelo y dulce de leche que se agudizan en estas afueras. Tres besos. Tres edades. Tres veces siendo uno, dos y tres. Esencias de esencias, de precisas agujas de tiempo. De estadías con aroma a mimbre. De poderío y decoro de curación de pureza y cicatrices. 

Sobre estimados, sobre estimulados con bastones y corceles, con ruedas de enredaderas que contienen a los nuevos nacidos en el coseno consanguíneo de verde, rojo y amarillo.

Estos estados sin afines a los instrumentos de grandezas emancipadas. Son bromelias, son gardenias, son hortensias, son gladiolas y gipsofilas. Azucenas y margaritadas excusas plantadas en el eje vivo, viviente vidente edificado. Imagínate dormir y no dar marcha atrás. Imagínate soñar y ser árbol. Imagínate revestir al candor de las rosas; azulejos, azulejos, azulejos en sus capítulos silvestres. Tú primavera del desierto. Tú y tan sólo tú por lo que vivo. Imagínanos conquistar a este universo sin nombre, sin principio, sin final.

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