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allpaleer

Capítulo 5

–Entonces le dije que se fuera a la mierda porque no pensaba esconder el cadáver en su jardín.

                Me detengo en un semáforo con luz roja y volteo con brusquedad hacia Amy.

                –¿Qué? –pregunto con demasiada confusión. Ella resopla y deja caer sus manos sobre su regazo.

                –¿Ahora me escuchas? –inquiere con irritación.

                No puedo culparla. La verdad es que se me estaba haciendo demasiado difícil prestarle atención. Al parecer, ella había terminado las clases con muchas ganas de conversar mientras que yo tenía que lidiar con mi mente, la cual no dejaba de dar vueltas alrededor de la posibilidad de que el director Waters le hubiera hecho algo malo a Emma. Después de todo, lo había visto salir del mismo lugar en el que ella se encontraba hecha un ovillo en el suelo.

                Diablos, todo era demasiado confuso. ¿Por qué no se lo pregunté directamente?

                Porque soy una cobarde, eso está claro.

                –¿Qué es lo que te tiene tan distraída? –indaga Amy mientras comienzo a avanzar una vez que la luz del semáforo cambió de color.

                Aun habiendo estado pensándolo durante toda la mañana, no tenía claro si contarle mi teoría a alguien más. Esto era algo serio, y si la cagaba, no habría marcha atrás.

                Pero mi prima continuaba presionándome con la mirada y exigiendo una respuesta, por lo que lo primero que se le ocurrió decir a mi cerebro fue:

                –Esta tarde saldré.

                A Amy le tomó un par de segundos interpretar mis palabras. Mientras tanto, yo me maldije internamente.

                –¿Eso es lo que te distrae tanto? Si quieres, puedo pasear a los hermanos griegos por mi cuenta.

                Sujeto el volante de la camioneta con demasiada fuerza.

                –No me refiero a eso –digo con la vista fija en el camino. –Saldré… con alguien.

                Por el rabillo del ojo percibo la manera en que todo el rostro de Amy se ilumina como si se hubiera ganado la lotería.

                –Oye, te lo tenías bien guardado –exclama con una amplia sonrisa al tiempo en que me golpea el hombro con suavidad. –¿Y cómo sucedió? ¿Quién es el afortunado?

                Debido al tono juguetón en su voz, rápidamente comprendí que lo que dije se podría haber interpretado de una forma completamente diferente a lo que verdaderamente era. Suspiro profundamente y me aclaro la garganta.

                –No me refería a una cita –aclaro entre dientes. –Iré a tomar un café con Evelyn Moore. No sé exactamente cómo sucedió, pero-

                –Espera, espera, espera –me interrumpe. Se pone de lado en su asiento para verme mejor. –¿Evelyn, la hermana de Emma? –asiento con la cabeza sin mirarla. –¿La misma chica que te sacó a bailar en la feria?

                Me detengo en una esquina para dejar que una anciana cruzara la calle y volteo en seco para mirar a Amy a los ojos.

                –¿Lo viste? –le pregunto. frunciendo la nariz.

                –¡Claro que sí! Todo el mundo lo vio, Cassie. Vamos, esa chica es capaz de que todo el mundo se voltee a verla.

                Suelto un gemido de frustración y llevo la frente al volante para cubrir mi rostro. Sé que todas esas personas quieren mirarla a ella, pero ante una situación como esa, también me vieron a mí.

                Dios mío, quiero fundirme con el asfalto debajo de mi camioneta.

                –Oye, no es para tanto –bufa Amy. –Ya pasó… ¿cuánto? ¿Una semana?

                –Ojalá nunca me lo hubieras dicho, Ames –digo con fastidio.

                –¿Sabes qué? Déjalo, esa no es la parte importante –espeta, haciendo un gesto de desdén con la mano. –Lo interesante es que irás a tomar un café con ella… –repite en un tono pensativo que me inquieta. –¿Será esta tarde? ¿A qué hora? ¿Dónde?

                Parpadeo varias veces, percatándome de que ya pasaron varios segundos desde que la anciana cruzó la calle, y retomo el camino.

                –A las tres en la cafetería Sugary Meals –la respuesta sale de mis labios de una manera tan automática que me hace sentir como un robot.

                –¡Eso es genial, Cassie! –exclama con excesiva emoción. –Estoy muy feliz por ti. Quizás este sea el momento en que encuentres a alguien con quien compartir tus gustos.

                Una amiga. Con tan solo pensarlo se me eriza la piel. Debo calmarme y no adelantarme a los acontecimientos o estrellaré la camioneta en el próximo poste de luz.

…………………

A las dos y media de la tarde, luego de almorzar y dar un paseo junto a los hermanos griegos y Amy, me encontraba ante una crisis nerviosa mientras observaba cómo mi prima rebuscaba algo de ropa en mi armario.

                Ahora nos encontrábamos en mi habitación de mi propia casa. Odiaba tener que entrar a esa casa cuando mi padre no estaba. Era un constante recordatorio de que antes solía haber bastante ruido porque convivíamos cuatro personas, y ahora no había absolutamente nadie, sólo un pesado y profundo silencio.

                Pero Amy había insistido en que buscáramos más ropa en este armario, ya que en el que habían asignado para mí en su casa tenía la ropa básica que utilizaba para ir al instituto. Yo no tenía problema en utilizar algo de eso, pero mi prima parecía tener otros planes.

                Terminó por escogerme unos jeans azules oscuros rotos en las rodillas y una sudadera suave y abrigada con el dibujo de una rosa cuyo tallo está repleto de espinas, y bajo la misma hay una frase escrita: “El que va tras flores, halla espinas”. Me la había obsequiado ella por mi cumpleaños el año pasado. Por último, fue lo suficientemente considerada como para dejarme utilizar mis adoradas Converse negras.

                –Bien –terminó por decir una vez que me echó un vistazo de arriba abajo. –Mi trabajo aquí está hecho.

                –Sabías que yo podría haber hecho esto por mi cuenta, ¿verdad?

                –Shhh, cállate –dijo, llevándose un dedo a los labios. –¿Cómo te sientes?

                –¿Nerviosa? ¿Aterrada? ¿Arrepentida de no haberme negado?

                Me miró con una expresión que parecía decir no tienes arreglo y procedió a entregarme mi teléfono y mi cartera, los cuales coloqué en los amplios bolsillos de mi sudadera.

                –Sé que esto es algo nuevo y muy diferente para ti, pero te aseguro que todo saldrá bien –me decía Amy mientras salíamos al porche de mi casa. Sentí cierto alivio al haber cerrado la puerta de entrada de ese vacío lugar que resultaba ser mi hogar. –Sólo debes ser tú misma.

                –¿O sea que tengo que tragarme las palabras y sufrir de ataques de pánico? –lo dije a modo de broma, pero me causó cierto nerviosismo.

                –Sabes de lo que hablo, Cassie –me dice, poniendo los ojos en blanco. –Interactuaste con ella una sola vez y ya te ha hecho hacer algo que jamás hubieras hecho por tu cuenta –me recuerda con una sonrisa divertida. –¿Quién sabe qué más puede pasar si continúas por este nuevo camino? –hace una pausa para tomarme de los hombros y mirarme fijamente. –Una vez te dije que ya encontrarías a alguien que considere que vale la pena conocerte y pasar tiempo contigo. Quizás Evelyn vio algo en ti que el resto no.

                Me muerdo el interior de las mejillas con una fuerza descomunal. Todo esto parecía una mala jugada de mi mente. Pasé diecisiete años sin conocer gente nueva y sin tener ningún interés en hacerlo, y ahora de un día para otro de repente… ¿quiero hacerlo? ¿Quiero entablar una conversación con una completa extraña?

                –Solo será una tarde –la voz de Amy me devuelve al presente. –No te adelantes a los acontecimientos. Prueba pasar una tarde con ella. Tienes el derecho a decidir si es una persona que vale la pena conocer, así como todos lo tenemos.

                Jamás la había escuchado hablar de esta manera, tan decidida a convencerme de algo. Ni siquiera lo noté hoy por la mañana cuando quiso que estuviera con ella en su cumpleaños. Por alguna extraña razón, dejé que sus palabras me calmaran y se acentuaran en mi interior para que me acompañaran en esta nueva experiencia.

                –Bien, está bien –murmuro más para mí misma que para ella. –Será sencillo, ¿verdad?

                –Claro que sí. Ni siquiera lo dudes –me asegura, guiñándome un ojo de manera cómplice. –Igualmente, estaré atenta a mi teléfono. En el caso de que necesites algo, no dudes en escribirme o llamarme, ¿está bien?

                Asiento con la cabeza en respuesta y me sobresalto en cuanto la veo abalanzarse sobre mí para abrazarme con fuerza. Yo sonrío y le rodeo la cintura con mis brazos.

                –El hecho de que hasta ahora no te hayas resignado a ir me hace sentir la persona más orgullosa del mundo –me dice en cuanto nos separamos. Su amplia sonrisa me resulta contagiosa. –Los hermanos griegos y yo estaremos aguardando por ti.

                Esa frase que para cualquier otra persona podría haberse considerado simple tuvo un gran significado para mí, haciéndome sentir una calidez agradable en el pecho. Le sonreí y volví a asentir con la cabeza.

                –Nos vemos más tarde, entonces –le digo mientras me acerco al lado izquierdo de la camioneta.

                –Que la pasen muy bien –me dice a modo de despedida mientras me saluda con un movimiento de mano.

                Y cuando me quiero dar cuenta, ya estoy avanzando por las calles de mi ciudad, dirigiéndome a una cafetería que conozco a la perfección pero que ahora se siente como un lugar completamente diferente y nuevo.

…………………

Por alguna razón estresante, las calles están abarrotadas, por lo que encuentro un lugar libre para estacionar en la calle siguiente a la de la cafetería. Apago el motor y salgo del vehículo mientras esquivo a otro que iba a toda prisa. Murmuro una maldición y comienzo a caminar hasta mi destino.

                Lo bueno de haber viajado en la camioneta era que la música de la radio mantenía mi mente un poco más ruidosa. Ahora, en cambio, tenía mucho silencio para rellenar con pensamientos aterradores sobre lo que podía llegar a suceder.

                ¿Y si lo entendí mal y no se refería a esta tarde o a esta cafetería? ¿Y si pretendía que fuera con acompañantes? ¿Y si aparecía con sus colegas y éramos sólo ellos y yo nuevamente, como en el callejón?

                ¿Y si sólo fue un engaño por haber visto algo que no debería haber visto?

                En la esquina de la misma calle de la cafetería estuve a punto de girar sobre mí misma y regresar a la seguridad de mi camioneta. ¿En qué estaba pensando? Este era un pésimo plan. Ni siquiera tenía su teléfono. No sabía nada de ella más que su nombre y que tenía una hermana menor.

                Pero entre tantos pensamientos confusos y terroríficos, terminé llegando a la entrada de la cafetería Sugary Meals. Solo me di cuenta cuando mi nariz captó el delicioso aroma del café recién preparado. Creo que eso fue lo que me impulsó a no salir huyendo.

                En la calle fuera de la cafetería había gente yendo y viniendo y algunas personas sentadas en las mesas exteriores, pero ninguna de ellas era Evelyn. Había tres opciones: o se encontraba dentro, o aún no había llegado, o jamás llegaría porque efectivamente se trataba de un engaño.

                Creo que me tomó unos largos cinco minutos debatirme entre entrar en la cafetería o regresar a mi camioneta, pero no pude tomar ninguna opción debido a un sonido familiar que captaron mis oídos.

                Me volteé hacia la calle a tiempo para ver cómo una persona estacionaba su brillante motocicleta rojo oscuro cerca de la entrada del lugar.

                Ya sabía de quién se trataba debido a sus reconocidos borcegos bordó con tachuelas plateadas, pero aun observé mientras se quitaba el casco, dejando al aire libre sus revoltosos y voluminosos rizos castaño oscuro.

                Evelyn lucía como la protagonista de una película de acción. Esta sería una escena en la que todas las cámaras y focos estarían sobre ella, y todos los espectadores se la quedarían mirando completamente pasmados. De hecho, yo me veía como uno de esos espectadores, sólo que esto era la vida real y probablemente lucía como una imbécil, por lo que me obligué a parpadear varias veces para salir de un trance y desviar la mirada al suelo.

                –Lamento llegar tarde. ¿Llevas mucho tiempo aquí?

                Se había acercado hasta quedar frente a mí. Cuando levanté la mirada, me encontré con sus resplandecientes ojos miel completamente despejados, a diferencia de esta mañana. Lucía más relajada, por lo que saqué la conclusión de que Emma se encontraba mejor. Llevaba la misma chaqueta de cuero con el cierre hasta arriba y unos pantalones negros que se ajustaban a sus largas piernas. También me percaté de que se había quitado los guantes que utilizaba para conducir su motocicleta.

                –N-no –me aclaro la garganta. –De hecho, me llevó unos minutos encontrar estacionamiento –agrego, señalando en la dirección en que había dejado estacionada mi camioneta.

                –Ya, había olvidado que los viernes este lugar está repleto –dice con las cejas enarcadas. –¿Prefieres que vayamos a otro sitio?

                –No, no –me apresuro a decir, negando con la cabeza. –Está bien por mí.

                –Genial. Entremos entonces.

                Me hizo una seña en dirección a la puerta y comenzamos a avanzar hasta allí. Me dejó ingresar al interior primero, y el olor a café y comida dulce me hizo cerrar los ojos por un momento. En mi opinión, éste podría ser el aroma del paraíso.

                El Sugary Meals es una cafetería de estilo vintage muy acogedor. No es tan espacioso, pero los empleados son tan amables y simpáticos que lo único que hacen es adquirir más y más clientes. Varias mesas redondas de madera se encontraban dispuestas a lo largo de un suelo rústico. Las paredes eran de ladrillos y estaban decoradas con posters de bandas del estilo de Queen, Oasis, Los Beatles, mayormente europeas.

                Terminamos escogiendo una mesa que se encontraba frente a uno de los ventanales con vistas a la calle. Al fondo de la cafetería se podía ver una extensa barra, y al otro lado se encontraba la puerta que llevaba a la cocina. De ahí entraban y salían varios camareros, incluyendo a la dueña del negocio, Kiersten. La conocía porque mayormente era ella la que nos atendía a mi padre y a mí… y a mi hermano en aquellos tiempos en que solía acompañarnos.

                –¿Sueles venir aquí? –me pregunta Evelyn una vez que nos encontramos sentadas frente a frente. Ella se ve tan relajada en su silla mientras que yo siento mi espalda y mis hombros tensos. Me sentía completamente fuera de lugar, pero al mismo tiempo, el aroma y los sonidos de la cafetería me transmiten cierta calidez y confianza.

                –Sí, con mi padre de vez en cuando –respondo con una sonrisa de lado. –¿Y tú?

                –Solía frecuentarlo con mis colegas, pero… ahora no tanto –dice, jugando distraídamente con una servilleta de papel sobre la mesa. –Pero me gusta regresar una vez cada tanto –agrega con un encogimiento de hombros.

                –¡Cassidy! ¡Qué bueno volver a verte!

                La voz de una mujer de mediana edad llega a mis oídos y me volteo a tiempo para ver a Kiersten acercarse a nuestra mesa con su característico buen humor. Llevaba un delantal beige con el logo de la cafetería, y ya había sacado del bolsillo un anotador junto a una lapicera.

                –Hola, Kiersten –la saludo. Mi voz suena apagada a comparación de la suya.

                –¿Cómo estás, cariño? Hace mucho que no te veo por aquí.

                –Bien, supongo –digo, encogiéndome de hombros y riendo nerviosamente. –¿Tú?

                –Muy bien. Últimamente estamos recibiendo muchísimos nuevos clientes –me cuenta con una amplia sonrisa, haciendo que se le profundicen los hoyuelos en sus redondas mejillas. –¿Cómo está tu padre? Hace tiempo que no oigo nada sobre él.

                El recuerdo de la ausencia de sus cartas se transforma en una mano invisible que aprieta mi garganta con fuerza, haciendo que se me dificulte respirar. Sin embargo, me obligo a mantener mi sonrisa.

                –Él está bien –luego de una corta pausa, agrego: –Trabajando.

                –Oh, claro, debí imaginarlo –dice Kiersten, riendo. –¿Sabes cuándo regresará?

                Oí tronar a uno de mis nudillos luego de tenerlo tanto tiempo apretado dentro de mi otra mano.

                –Se fue hace dos meses, así que… supongo que aún le quedan otros cuatro.

                <<Si es que aún está bien>>.

                –Muy bien. Estaré aguardando a mis clientes favoritos con ansias –me dice junto a un guiño de ojo cómplice. Luego parece percatarse de la presencia de Evelyn ya que se voltea hacia ella por primera vez. –Buenas tardes, querida. ¿Tú eres…?

                –Evelyn –se presenta con una sonrisa cálida.

                –Evelyn, un placer conocerte. Soy Kiersten, la dueña de la cafetería.

                –Lo sé. Creo que te he visto un par de veces.

                –Oh, ¿ya has estado aquí antes? Lo siento, no soy muy buena memorizando a tanta gente –se disculpa Kiersten. Evelyn ríe y niega con la cabeza.

                –No te preocupes, no hay cuidado. No soy una clienta frecuente.

                –Pues si comienzas a venir con Cassidy, estoy segura de que te convertirás en una –le dice la mujer con diversión en la voz. Luego se voltea hacia mí. –Hacía mucho tiempo que no te veía acompañada de alguien nuevo.

                Dice mucho tiempo para no decir que jamás me vio con alguien nuevo que no fuera mi padre o mi hermano. Aun así, le agradezco con la mirada por haber disfrazado esa verdad.

                Finalmente nos toma el pedido (un café puro y una porción de wafles con miel para Evelyn y un cappuccino italiano y un croissant relleno de chocolate para mí) y se dirige directo a la cocina, prometiéndonos que los preparará lo más rápido posible.

                –Cuando me dijiste que vienes aquí de vez en cuando no me imaginé que hasta la dueña te reconocería –me dice Evelyn con un tono divertido de voz una vez que nos encontramos solas.

                –Bueno… vengo desde que se inauguró, que fue hace alrededor de ocho años –explico. –Pero me refería a que sólo vengo cuando está mi padre, que no suele ser bastante seguido –bajo la mirada para centrarme en un punto invisible en mi regazo.

                –¿En dónde está él? –pregunta, y luego agrega rápidamente: –Si no te importa que pregunte.

                –Trabaja como… –me aclaro la garganta. –Trabaja como Capitán de Navío en la Armada de los Estados Unidos. Su presencia es muy importante allí, por lo que suele irse por varios meses.

                Evelyn enarca las cejas.

                –Wow, eso es… impresionante –dice luego de un momento. –¿Te molesta que esté tanto tiempo ausente?

                Me toma unos largos segundos responder debido a que nunca nadie me lo había preguntado, por lo que no tenía nada preparado para decir.

                –Comenzó su trabajo cuando yo tenía un año, así que… es parte de la rutina de mi vida, supongo.

                –Eso no responde a mi pregunta, ¿o sí?

                Me la quedo mirando por un momento y luego desvío la mirada rápidamente. La verdad es que sí, sí me molesta que apenas pueda pasar tiempo con él, en especial luego de que toda mi familia se hubiera hecho pedazos. Al menos él podía irse y olvidarse de todo por un rato; en cambio, yo tenía que lidiar con pasar todos los días por la puerta de una casa que se siente familiar y desconocida al mismo tiempo.

                –Lo siento, me entrometí demasiado –dice Evelyn finalmente, levantando las manos con inocencia.

                –No, está bien. Es sólo que no acostumbro a hablar de este tema.

                –¿Y con quién estás mientras tu padre se va?

                –Con mis tíos y mi prima. Viven en la misma calle en donde se encuentra mi casa.

                –¿Qué hay de tu madre? ¿Hermanos?

                No puedo evitar reír amargamente.

                –Mi madre… –repito por lo bajo, y siento un sabor amargo en la boca. –Mi madre se mudó a Chicago en cuanto tuvo la oportunidad.

                Me sobresalto ligeramente. ¿Fui yo la que dijo eso con un tono tan… desagradable?

                –Vaya, ¿problemas familiares? Bienvenida al club –exclama Evelyn con amargura.

                –¿Tú también? –le pregunto con curiosidad.

                En ese momento Kiersten entra en mi campo de visión cargando una bandeja con suma destreza. Deposita frente a cada una nuestra orden.

                –Buen provecho, amores –nos dice con una amplia sonrisa. –Me avisan si necesitan algo.

                –Por supuesto, muchas gracias –le dice Evelyn al tiempo en que yo suelto un suave gracias.

                Procedemos a endulzar nuestras bebidas y a batirlas con unas cucharas de plástico que ya se encontraban sobre la mesa. En los altavoces se oía una canción de Queen en un volumen relativamente bajo para no tener que levantar tanto la voz al hablar.

                –No conozco ni una sola familia que no tenga problemas –dice la morena luego de darle un largo sorbo a su café. Por un momento creí que se quemaría debido a todo el vapor que desprendía la taza de porcelana, pero tal parece que está acostumbrada a las bebidas calientes ya que ni siquiera hizo un mínimo gesto de que le molestara. –Todas las personas a las que conocí siempre tienen algo que decir al respecto. Por ejemplo, estoy segura de que hay mucho más que la simple mudanza de tu madre a Chicago, ¿o me equivoco?

                No lo niego pero tampoco agrego nada más. Eso parece bastarle ya que asiente con la cabeza como diciendo ¿lo ves?

                –¿Y qué haces para escapar?

                Levanto la mirada de mi croissant con el ceño fruncido.

                –¿Qué?

                –Todos hacemos algo para escapar de los conflictos y dramas de nuestra familia, al menos por un rato –dice con un encogimiento de hombros luego de masticar un trozo de sus wafles (que, por cierto, olían de maravilla).

                Me muerdo el labio inferior y rodeo la taza con mis manos para absorber un poco el calor de la bebida.

                –Paseo a mi perra, paso tiempo con mi prima… escribo.

                –¿Escribes?

                –Escribo.

                –¿Y qué escribes?

                –¿Tú qué haces para escapar?

                Nos quedamos mirando fijamente, como si estuviéramos teniendo una discusión silenciosa. Yo sabía que ella quería indagar más con respecto a mi pasatiempo, y ella sabía que yo no agregaría nada más al respecto. ¿Quién de las dos cedería primero?

                Siempre soy yo la que lo hago, pero para mi sorpresa, esta vez fue diferente.

                –Paso tiempo con mis colegas –responde Evelyn, jugueteando con la misma servilleta de antes. –Tenemos muchas cosas en común, como andar en motocicleta o escuchar y hacer música.

                –¿Hacer música? –repito. –¿Como… una banda?

                Evelyn sonríe sin levantar la vista de la mesa.

                –Exacto, como una banda.

                –¿Y qué papel tienes tú?

                –Soy la vocalista.

                Enarco las cejas como si fuera una reacción automática.

                –¿Cantas? –pregunto, sin molestarme en ocultar el asombro en mi voz.

                –Así es –responde, asintiendo lentamente con la cabeza. –También sé algunas cosas básicas de la guitarra acústica, pero tengo más confianza a la hora de utilizar mi voz.

                Sé que hay muchísimas personas en el mundo que les encanta hablar o cantar o utilizar su voz para lo que sea, pero es la primera vez que oigo a alguien decir que siente confianza a la hora de utilizar su voz.

                –¿Y qué género musical suelen tocar? –indago. Me siento tan atrapada en lo poco que estoy aprendiendo de Evelyn que por un momento me olvido del lugar en el que nos encontramos.

                –Principalmente rock –por alguna razón, me esperaba esa respuesta. Probablemente se debe a la canción que Jessica hizo sonar en la feria luego de que Evelyn la convenciera.

                <<Todo el mundo lo vio, Cassie>>. Recordar lo que sucedió esa tarde y las palabras de Amy de hace sólo unas horas hace que mis mejillas se enciendan inconscientemente.

                –Componemos nuestras propias canciones –sigue hablando Evelyn, hecho que agradezco. –Y las tocamos en los bares que buscan entretenimiento.

                –Eso es genial –le digo con honestidad. –¿Cuántos integrantes son?

                –Cinco en total –hace una pausa en la que parece considerar sus siguientes palabras: –De hecho… los conoces.

                La observo con ojos entrecerrados y pensativos hasta que la imagen del callejón regresa a mi mente.

                –Oh… –murmuro, bajando la mirada hasta mi bebida medio vacía. –Tus colegas, claro.

                Oigo cómo ella suspira profundamente.

                –Cassidy… –comienza diciendo, y el repentino tono serio en su voz hace que levante mis ojos hasta los suyos. –No voy a simular que jamás viste lo que ocurrió esa tarde –no sé qué decir, por lo que sólo asiento con la cabeza. –Probablemente tengas muchas preguntas y yo no creo tener todas las respuestas, pero me gustaría que te fueras de esta cafetería teniendo una idea un poco más clara de lo que presenciaste.

                Me di cuenta de que me estaba dando un espacio libre para preguntarle cualquier cosa, gesto que me sorprendió bastante. Y en el fondo sentía que me lo merecía luego de haberme guardado ese secreto en lo más profundo de mi garganta.

                –¿Por qué me arrastraron hasta ese callejón? –mi voz es lo suficientemente audible como para que sólo Evelyn la oyera.

                –No lo habrían hecho si hubieras hecho caso a Ezra –me recuerda con una ceja enarcada.

                Recuerdo la fría y demandante voz del pelirrojo llamándome antes de que empezara a correr para huir de allí. Por alguna razón, el comentario de Evelyn me irritó ligeramente.

                –Me estaban persiguiendo por la calle –digo entre dientes.

                –Lo hacían porque no te detenías –contraataca Evelyn. –Te estábamos pidiendo que lo hicieras.

                –Sí, a los gritos y de la peor manera posible –aclaro. –¿Cómo se suponía que reaccionara luego de lo que vi? –inquiero.

                La morena suspira y pasa una mano por sus largos rizos.

                –Tienes razón –murmura. –Es que… estábamos asustados.

                –¿Asustados? Era yo la que estaba teniendo un ataque de pánico.

                –Sí, créeme que lo sé –dice con inesperada firmeza. –Todos teníamos miedo, sólo que cada uno lo manifiesta de manera diferente.

                Quería contradecirla pero al mismo tiempo sabía que tenía razón. No todos expresaban el miedo de la misma manera. Algunos ni siquiera lo hacen; prefieren guardárselo muy en el fondo, aunque eso también trae consecuencias en el futuro.

                –¿Y ustedes por qué… por qué estaban asustados? –pregunto, suavizando mi tono de voz.

                –Porque fuiste la primera persona en descubrirnos.

                –¿De veras?

                Asiente en respuesta y se toma un momento para beber de su taza.

                –Siempre tratamos el tema con mucho cuidado –me explica, esquivando mi mirada. –Nos aseguramos de antemano hacerlo en un lugar en el que no suela circular gente. Ese día estábamos seguros de que nadie pasaría por allí a esa hora.

                Hago girar mi taza y observo cómo el poco contenido que queda se mueve al ritmo del recipiente.

                –¿Estaban…vendiendo? –me atrevo a preguntar. Necesitaba sacarme esa duda de la mente y sabía que este sería el único momento en que podría hacerlo.

                Evelyn se toma unos segundos en escudriñar mi rostro con sus brillantes ojos miel, como si estuviera buscando algo. Finalmente responde:

                –Sí –hace una pausa. –Y por si también te lo preguntas, no, nosotros no consumimos eso.

                La observo con detenimiento.

                –Pero sí la venden a otras personas.

                La morena se reincorpora en la silla y junta las manos sobre la mesa.

                –Mira, Cassidy. Ni a mí ni al resto nos importa lo que sea que hará ese hombre o el resto de los compradores con su mercancía –sus ojos están fijos en los míos, resaltando la seriedad de sus palabras. –Lo único que sí importa es que Noah consiga lo que necesite.

                La imagen del joven de gran altura y ropa deportiva pasa por mi mente.

                –¿Necesita dinero?

                –Eso ya es asunto de él. No me corresponde a mí responderte.

                Asiento con la cabeza y me dejo caer contra el respaldo de mi silla, soltando un pesado suspiro.

                Luego de un largo silencio que se había instalado entre nosotras, le oigo decir:

                –Gracias por no haber dicho nada al respecto.

                La miro con los ojos entornados.

                –¿Por qué confías en mí para contarme todo esto? ¿Cómo estás tan segura de que no iré a la comisaría luego de salir de aquí?

                Me observa un largo rato y se me hace muy difícil no apartar la vista. La profundidad de sus ojos me distrae de todas mis preocupaciones.

                –Digamos que tengo una corazonada.

                –¿Una corazonada? ¿Una corazonada de qué? –pregunto, con una ceja enarcada.

                La sonrisa que se forma en sus gruesos labios envía un cosquilleo por mi piel.

                –De que podríamos llevarnos muy bien.

                Me humedezco los labios y le doy un largo trago a mi cappuccino para tener algo que hacer.

                Y para disimular la sonrisa que no puedo evitar formar al oír sus palabras.

…………………

La tarde sigue transcurriendo y ni siquiera me percato de ello. Continuamos conversando dejando a un lado ese tema en específico, y cuando quisimos darnos cuenta, eran las seis menos cuarto de la tarde. Me quedé atónita observando el único reloj de pared que se encontraba en la cafetería. Parpadeaba varias veces para comprobar que no se tratara de una ilusión óptica, pero efectivamente había pasado más de dos horas en aquél lugar junto a Evelyn. Hacía tiempo que nuestros cafés y comida se habían acabado, pero aun así siempre encontrábamos algún tema del que hablar.

                Descubrí que ella asistía al instituto Hawaian y que allí fue donde conoció a sus colegas. Algunos de ellos eran mayores que ella, pero eso no los privó de haberse conocido y amigado.

                También le hablé un poco sobre mi profunda relación con Amy y de cómo encontré a los hermanos griegos. Ese acontecimiento lo narré con los menores detalles posibles ya que con tan solo recordarlo se me aceleraba el corazón. Solo le conté lo que creí que ella debería saber.

                Hablamos sobre algunos profesores del instituto que tuvimos en común, y no fue hasta que ella mencionó al director Waters que un recuerdo asomó a mi mente como un balazo al pecho (aunque al menos no sé cómo se siente eso en realidad).

                Empecé a dudar. ¿Debería contarle acerca de lo que dijo Emma? Después de todo, se trataba de su hermana mayor, probablemente una de las personas más cercanas a ella. ¿Y debería hablarle sobre mi suposición, o sólo preguntarle a qué hombre se podría estar refiriendo?

                –Tierra llamando a Cassidy –su voz me regresa al presente de un tirón. –¿Todo bien? –pregunta con una media sonrisa.

                –Eh… sí –me apresuro a responder, y luego de dudarlo un poco más, agrego: –En realidad, tengo una pregunta.

                –Adelante –me dice Evelyn, reclinándose contra el respaldo de su asiento.

                –Es sobre Emma –digo con cuidado, y ella asiente cautelosamente. –Cuando tuvo ese ataque de pánico en el instituto…

                –Oh, ¿eso? –me interrumpe. –No tienes de qué preocuparte. Ya se encuentra mucho mejor. No le sucede tan seguido, pero según lo que me dijo, ese día estaba algo estresada y no pudo controlarse. Pero ya está bien.

                Oírla decir eso me relajó un poco, pero aún seguía sintiendo esa inquietud con respecto al director.

                –Me alegra saberlo, de verdad, pero… –tomo aire y lo dejo salir lentamente. –Es sólo que la oí decir algo sobre… ¿un hombre?

                Hasta ese momento ella había estado jugueteando con otra servilleta, pero de repente se detuvo en seco. Noté cómo sus hombros se enderezaban.

                –¿Un hombre? –repitió con lentitud, como saboreando las palabras. –¿Qué dijo?

                Cualquier rastro de amabilidad y tranquilidad se había esfumado de su rostro. De repente me arrepentí de haber sacado el tema, pero sabía que ya no había vuelta atrás.

                –Le dije que… –me aclaro la garganta. –Le dije que ni yo ni nadie le iba a hacer daño, y ella nombró algo de que hay una persona que sí lo hace –hago una pausa y agrego: –Siempre.

                –¿Eso dijo? –asiento en respuesta. Ella suspira al tiempo en que se pasa ambas manos por el rostro.

                –Lo lamento, no quise entrometerme –me apresuro a decir, frotándome la parte trasera del cuello con incomodidad.

                –No, no, no tienes que disculparte –dice Evelyn, recuperando su compostura. –Es un tema… difícil. No quiero involucrarte de ninguna forma. Pero sí puedo asegurarte de que ella está bien.

                –¿Tiene que ver con alguien del instituto?

                No pude evitar preguntarlo. Si la respuesta era un , no podría dejarlo pasar. Quizás Emma podría ser una víctima de abuso entre otros más que nadie sabía.

                La pregunta parece sorprenderle.

                –No, no tiene que ver con el instituto. ¿Por qué lo preguntas?

                –Es que vi al director Waters saliendo del lugar en donde ella estaba, y creí que…

                Bajo la mirada, sintiendo mis mejillas arder de vergüenza.

                –Oh, no, no, no –dice rápidamente con una media sonrisa. –Puedo asegurarte que ni él ni ninguno de ellos le hizo nada malo –la firmeza en su voz es suficiente para convencerme. Siento un peso menos sobre mis hombros. –Y gracias por haber preguntado antes de sacar tus propias conclusiones. En verdad preferiría que esto quedara entre nosotras.

                Asiento con la cabeza en afirmación. No me parece del todo correcto no hacer nada al respecto, pero era un asunto entre ellas, y si su propia hermana mayor decía que no necesitaba pasar a mayores, respetaría su decisión. Era lo correcto… ¿verdad?

                Me sobresalto al oír una musiquilla familiar. Tardo unos cinco segundos en darme cuenta de que proviene del bolsillo de mi sudadera. Me disculpo con Evelyn con un gesto y contesto la llamada de mi teléfono. Lo hice tan rápido que no me dio tiempo a leer de quién se trataba.

                –¿Hola?

                –Maldita sea, Cassie, no respondiste ninguno de mis mensajes –la voz aguda de Amy me hace fruncir la nariz. –¿Está todo bien? ¿Necesitas que vaya a buscarte?

                Lo cierto era que no había revisado mi teléfono en ningún momento de la tarde. Había estado tan inmersa en las conversaciones con la morena que había olvidado por completo que tenía un teléfono propio. Además, estaba acostumbrada a que Amy siempre estuviera a mi lado. Jamás necesité avisarle lo que hacía porque siempre estaba cerca de ella o en casa, en el caso de que ella saliera con sus amigos.

                –Estoy bien, Ames, tranquila –le digo con la mayor calma posible. –Solo olvidé revisar mi teléfono, es todo –agrego al mismo tiempo en que intento ignorar el hecho de que Evelyn me está observando con una sonrisa divertida en los labios.

                –¿Sigues en la cafetería?

                –Sí…

                –Está bien, confiaré en ti –termina cediendo con un suspiro. –Avísame cuando estés regresando, ¿bien?

                –Sí, Ames, lo haré.

                –¿Y todo bien con Evelyn?

                Me encuentro con sus resplandecientes ojos y no puedo evitar sonreír ligeramente.

                –Sí, todo muy bien –mi voz suena sorprendentemente segura.

                –Genial –incluso puedo oír la sonrisa en su tono de voz. –Lamento interrumpirlas. Te veo en un rato.

                –No te preocupes. Gracias por llamar.

                –No hay de qué, cariño. Cuídate.

                –Tú igual. Adiós.

                Ambas colgamos simultáneamente y regreso mi teléfono al bolsillo.

                –¿Ames? –repite Evelyn a modo de pregunta.

                –Amy, mi prima –aclaro.

                –¿La otra fundadora del Monopoly Amidy?

                No puedo evitar reír al oír el nombre de nuestro juego.

                –Exactamente –respondo con un asentimiento de cabeza.

                Le hacemos una señal a Kiersten para que recoja nuestras cosas y pagamos la cuenta dividiendo los gastos. Creí que ese sería el típico momento incómodo en el que ambas personas comienzan a discutir para decidir quién paga, pero al igual que el resto de la tarde, nada resultó incómodo con Evelyn.

                Finalmente regresamos al exterior, y el sonido de los vehículos y la gente saliendo de sus trabajos nos da la bienvenida nuevamente a la civilización. Caminamos hasta donde su motocicleta se encontraba aparcada.

                –¿Quieres que te acompañe hasta tu vehículo? –me pregunta mientras comienza a colocarse los guantes.

                –No es necesario. Está sólo en la otra calle –le digo, señalando la dirección.

                –Muy bien, como tu digas –dice, encogiéndose de hombros. –Ha estado bien, ¿no? –pregunta, señalando con el mentón la cafetería.

                No tenía muy claro si se refería a la comida o a la tarde que pasamos juntas, pero ambas cosas me habían parecido muy bien, por lo que asentí firmemente con la cabeza y respondí:

                –Sí, muy bien.

                Ella me regala una amplia sonrisa y noto cómo sus ojos se iluminan.

                –Ah, antes de que lo olvide –dice de repente, tomando algo del bolsillo de sus pantalones. Saca su teléfono y desbloquea la pantalla para luego levantar la mirada hacia mí. –Mis colegas y yo tocaremos un par de canciones mañana por la noche en un bar cerca de aquí. ¿Te interesaría venir?

                Su oferta me toma desprevenida. No puedo evitar abrir grandes los ojos.

                –Eh… la verdad es que no suelo frecuentar ese tipo de lugares…

                –Entiendo –dice, y noto cierto cambio en su voz que me desconcierta. Luego recupera la compostura diciendo: –Igualmente, si te parece bien, pásame tu número. Te dejaré el horario y la dirección, y quedará en tus manos si vienes o no. ¿Qué dices?

                Ni siquiera lo pienso. Mi respuesta es mi número de teléfono, y Evelyn sonríe aún más mientras se lo agenda en el suyo.

                –Genial. Si te llegan mensajes de un desconocido, ya sabes de quién serán –me dice junto a un guiño de ojo. Frunzo los labios para reprimir una sonrisa. Mientras tanto, procede a regresar el teléfono a su bolsillo y colocarse el casco sobre su cabeza. –Ha sido un placer conocerte un poco más, Cassidy –me dice una vez que ya está lista para partir. Yo me la quedo mirando sin poder creer lo que estoy oyendo. –Espero que el destino siga cruzando nuestros caminos –agrega con un tono suave que logra erizar la piel de mis brazos. O quizás es la fresca brisa, ya no estoy tan segura.

                Y me sorprendo aún más cuando me oigo a mí misma decir:

                –Eso espero.

                Me regala una última sonrisa antes de encender su motor y comenzar a avanzar por la calle a toda prisa.

                ¿Cuánto tiempo habré pasado sobre esa calle mirando al vacío mientras las demás personas pasaban por mi lado esquivándome como si fuera un obstáculo? Varios minutos. Muchos más de los necesarios.

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