Capítulo 6
Lo que sucedió luego de mi tarde con Evelyn lo recuerdo con muy pocos detalles. Sé que anduve de regreso a mi casa con el volumen de la radio exageradamente alto y tarareando las canciones como una niña de cinco años que se dirigía al parque de atracciones.
Una vez en casa de mis tíos, recuerdo que Amy me recibió junto a los hermanos griegos y me atosigó a preguntas de todo tipo. Las respondía de forma automática y sin entrar en detalles. Y luego de que mi prima se sintiera satisfecha con la información recibida, ayudamos a mis tíos a preparar la comida para cenar todos juntos.
Cuando me encontraba recostada en la cama en la oscuridad de mi habitación con la compañía de Artemis luego de haberme dado una larga y reflexiva ducha, oí el tintineo de mi teléfono que descansaba en la mesilla de noche a mi derecha.
Eran alrededor de las once de la noche y no lograba pegar un ojo incluso habiendo dormido tan sólo cuatro horas y media. Todo lo que había pasado había sido tan… fuera de lo común. No dejaba de repasar todos los escenarios en mi mente.
Y mi corazón se aceleró aún más cuando leo la ubicación y los tres mensajes que recibí y que iluminan mi rostro a través de la pantalla de mi teléfono:
DESCONOCIDO: 21.00hs.
DESCONOCIDO: Espero que no me falles, Chica Disculpas 😉
DESCONOCIDO: Todo el escuadrón Amidy está invitado.
A la mañana siguiente lo primero que hago es colocarme los lentes y releer los mensajes. Una sonrisa se forma automáticamente en mis labios. Agrego su número a mis contactos y tecleo con rapidez una respuesta:
CASSIDY: Tal parece que el destino sí quiere que volvamos a encontrarnos 🙂
Mi pulgar gira alrededor del botón de enviar pero comienzo a dudar si presionarlo o no. Tan solo debería responder algo como Te veremos allí o Tengo que preguntarle a Amy, pero quizás nos veremos allí. Sin embargo, Artemis interrumpe mis pensamientos desperezándose y saltando sobre mí para lamerme el rostro. El teléfono se escapa de mis manos y cae sobre el colchón, pero lo ignoro y acaricio a mi perra frenéticamente.
Me lleva diez minutos convencerla de bajar de la cama, y cuando lo hace, ambas nos giramos hacia el teléfono en cuanto este tintinea con un nuevo mensaje. Lo tomo con el ceño fruncido y desbloqueo la pantalla mientras Artemis me observa desde el suelo con la cabeza ladeada.
EVELYN: Creo que eso quedó bastante claro cuando volvimos a vernos en la feria luego de haberte dicho que me mantendría a raya de ti 😉
Observo el teléfono hasta que los ojos comienzan a arderme, recordándome que debería parpadear.
Había mandado el mensaje sin quererlo. Qué imbécil soy.
Aun así, no alcanzo a sentir la vergüenza que creí que sentiría. El hecho de haber recibido una respuesta de ese tipo me dejaba creer que quizás no estuve tan mal al enviarle lo anterior.
Sonrío a la pantalla como si pudiera verla a ella y me digno a bloquear el teléfono y levantarme de la cama debido a que Artemis estaba gimiendo para que la dejara salir de la habitación. La sigo por el pasillo y me encierro en el baño para asearme y despejar mi caótica mente.
–Buenos días –me saluda una sonriente Amy cuando bajo a la cocina. Se encontraba sentada frente a la isla comiendo un tazón de cereales.
–Buenos días –respondo, dirigiéndome directamente a la cafetera para servirme una taza del contenido. –¿Dónde están tus padres?
–Dijeron que irían a comprar nuevas plantas para el jardín –responde con un encogimiento de hombros mientras me siento a su lado luego de haberme servido un tazón con los mismos cereales que ella consumía.
–¿Por qué no me sorprende? –pregunto a modo de broma.
–Eso mismo les dije cuando me avisaron a dónde se irían –agregó Amy, riendo.
Clayton y Ava eran apasionados de la jardinería. Tenían un extenso jardín en la parte trasera de la casa, y cada una de las incontables plantas que se encontraban allí habían sido sembradas por ellos mismos.
Observo la pantalla apagada de mi teléfono sobre la isla y vacilo un poco antes de preguntar:
–Oye… ¿harás algo esta noche?
Noto cómo una de sus cejas se enarca.
–Creo que es literalmente la primera vez que me lo preguntas –me dice en un tono juguetón al tiempo en que me empuja el hombro suavemente. –No, no tengo nada que hacer. ¿Por qué?
Muerdo el interior de mis mejillas. ¿Por qué me causaba tantos nervios preguntarle?
–Evelyn… Evelyn tiene una banda y tocarán algunas canciones esta noche –explico con la mirada fija en mis cereales. –Y nos invitó a ambas.
–Vaya, parece que ayer las cosas fueron mucho mejor de lo que me contaste –bromea. –Claro, por mí no hay problema. ¿Dónde es?
Desbloqueo mi teléfono y le enseño la dirección que me había enviado.
–Oh, es cerca de Sugary Meals –señala, observando el mapa que se extiende al otro lado de la pantalla. –¿Es un bar?
–Sí.
–Sabes que no dejan entrar a menores de edad a los bares, ¿verdad?
Claro, que estúpida. Lo había olvidado. Le hago una seña con la mano para que aguarde un segundo y tecleo un par de palabras en el teléfono.
CASSIDY: Oye… ni Amy ni yo tenemos dieciocho.
En menos de cinco minutos recibo su respuesta.
EVELYN: De eso ni se preocupen. Yo me encargaré de que las dejen entrar 😉
Amy, quien había estado observando la pantalla de mi teléfono por sobre mi hombro, sonrió de oreja a oreja.
–Qué buen servicio –comenta con diversión. –Bien, me apunto. Suena interesante. Tú tienes ganas de ir, ¿verdad?
Nos miramos en silencio por varios segundos, y llegó un punto en el que resultaba doloroso reprimir una tímida sonrisa.
–Me alegra saberlo –termina diciendo. –Vas por buen camino –agrega con un guiño de ojo cómplice.
Terminamos de desayunar al mismo tiempo y lavamos la vajilla antes de salir un rato al jardín para jugar con los hermanos griegos. El día estaba algo nublado y fresco, pero eso no nos detuvo de correr junto a nuestras mascotas como dos locas maniáticas.
…………………
–¿Qué se supone que lleva puesto la gente que va a los bares? ¿Será como en las películas? –divagaba mi prima en voz alta mientras rebuscaba atuendos en el interior de su armario.
En cuanto a mí, me encontraba sentada de piernas cruzadas sobre su cama mientras acariciaba la cabeza de Artemis, quien la había depositado en mi regazo. Por su parte, Apollo olisqueaba todas las prendas que su dueña sacaba de los cajones.
–Te recuerdo que se lo estás preguntando a la persona que menos sale en todo Oregón –digo con una ceja enarcada.
Opta por ignorar mi comentario sarcástico y continúa con su búsqueda revolviendo cajones. Resoplo y hago a un lado a Artemis con cuidado para ponerme de pie.
–Ames, mírame –ella lo hace luego de unos pocos segundos. –Mira lo que llevo puesto –le digo, señalándome a mí misma al tiempo en que ella me echa una mirada de arriba abajo. Había escogido unos jeans grises oscuros junto a una camiseta negra holgada debajo de una sudadera azul marino (por si no se nota, amo las sudaderas), y como calzado unas botas negras con cordones. –Elegí algo que sé que me resulta cómodo y que me hace sentir bien. Haz lo mismo.
–Lo sé, pero… –se voltea para observar el desorden de ropa en el suelo. Artemis se le había sumado a su hermano, y ahora ambos olisqueaban las prendas con demasiado interés. –Será la primera vez que vaya a un sitio como este y quiero… quiero verme bien –agrega, mordiéndose el labio inferior.
–Oh, vamos, Amy, estamos hablando de ti –exclamo. –Lucirás espectacular con lo que sea que te pongas.
Y lo decía con toda la honestidad del mundo. Amy era una de esas personas que podría hacer que cualquier prenda le sentara de maravilla. Sabía exactamente cómo lucir sus voluptuosas curvas, y eso era algo verdaderamente admirable.
Sus ojos castaños se iluminan y una sonrisa comienza a formarse en sus rosados labios.
–¿Ya te dije que te amo?
Río y me dejo caer sentada nuevamente en la cama. Artemis percibe mi movimiento y se acerca para que le acaricie detrás de las orejas.
Esta vez le lleva solo cinco minutos escoger su atuendo. Optó por unos pantalones negros ajustados de cuero y una blusa de mangas largas con rayas verticales blancas y negras.
Mientras la ayudaba a doblar y guardar la ropa que había esparcido por todo el suelo de la habitación, ella al mismo tiempo se colocaba unos borcegos marrones oscuros. También se colocó un poco de rímel en las pestañas y un brillo de labios apenas visible. Me ofreció hacer lo mismo conmigo, pero, como siempre, la rechacé ya que no solía maquillarme, y las pocas veces que lo hacía me escocían los ojos o me picaba la piel. Lo único que sí le permití hacer fue recoger mi cabello en un rodete más prolijo de lo que solía llevarlo.
Una vez listas, guardamos nuestros teléfonos y carteras dentro de un pequeño bolso de mano que eligió llevar Amy y bajamos hasta la puerta de entrada. En el camino pasamos por la sala de estar donde mis tíos se encontraban acurrucados en el sofá buscando en Netflix alguna película para ver.
Les habíamos hablado sobre nuestra salida durante la cena. Estuvieron de acuerdo y se alegraron demasiado por mí al haber “entablado nuevas amistades”, pero también pasaron unos largos veinte minutos hablándonos sobre las precauciones a tener en cuenta en los bares.
–¿Ya se van? –nos pregunta mi tía, levantando la mirada para vernos. Nos echa un vistazo de arriba abajo y sonríe más ampliamente, gesto que siempre me recuerda a su hija. –Se ven hermosas.
Al oír ese comentario, mi tío deja de prestarle atención a la televisión para mirarnos.
–Vaya que sí –concuerda con las cejas enarcadas y una leve sonrisa.
–Comenzarán a tocar en unos veinte minutos, así que sí, nos iremos ahora –le responde Amy a su madre.
–Muy bien. ¿Llevan todo lo necesario? ¿Tarjeta de identificación, carnet de conducir, dinero…?
–Sí, mamá, tranquila –la interrumpe Amy, riendo. –Ya estamos listas –asiento con la cabeza para afirmar sus palabras, y ella me sonríe en agradecimiento.
–Está bien, está bien, ya me callo –dice Ava, levantando las manos con inocencia.
–No olviden lo que hablamos, niñas –nos advierte Clayton con cautela.
Hay algo extraño en toda esta situación y es que ya la he vivido un par de veces, sólo que yo solía encontrarme sentada en el sofá junto a mis tíos y a los hermanos griegos mientras observaba cómo ellos le recordaban a Amy que tuviera cuidado y que la pasara bien cuando salía con sus amigos.
Y ahora yo me encontraba junto a ella a punto de salir.
¿Cómo llegué hasta este punto?
–No se preocupen, estaremos bien –les dice Amy con un tono relajado. –Nos vemos en un rato –se despide mientras comienza a avanzar hacia la salida. Yo la sigo pisándole los talones.
–¡Regresen antes de la medianoche! –nos dice mi tío de lejos mientras nosotras nos encontramos en el vestíbulo, colocándonos nuestros abrigos.
Volvemos a despedirnos de ellos y de los perros y finalmente salimos al frío exterior. El viento invernal que sacude las ramas de los árboles acaricia nuestros rostros mientras caminamos hasta el garaje de mi casa para subirnos en la camioneta.
–¿Crees que deberías avisarle a Evelyn que estamos en camino? –me pregunta mi prima una vez que nos sentamos en el cálido interior del vehículo y abrochamos nuestros cinturones. –Ya sabes, por si tiene que “ayudarnos a ingresar” o lo que sea –agrega, haciendo comillas en el aire.
Aprovecho que entro a su chat para revisar la ubicación y escribo un mensaje:
CASSIDY: Hey, ya estamos en camino. Llegaremos en unos diez minutos.
Titubeo un poco y finalmente presiono el botón de enviar. Luego procedo a seleccionar la ubicación que me había enviado ayer por la noche y activo mi ubicación para poder utilizar el GPS.
–¿Lista? –le pregunto a Amy mientras coloco la llave de la camioneta en su sitio.
–¿Te lo estás preguntando a ti misma o a mí?
Río y procedo a encender el motor.
…………………
Llegamos hasta una calle poco transitada y con algunas luces tenues iluminando el asfalto. Estaciono la camioneta en un hueco entre otros dos vehículos y reviso mi teléfono ya que tengo cinco mensajes nuevos.
EVELYN: El bar no está a la vista. En cuanto localices un portón rojo oscuro, ábrelo deslizando la puerta hacia la izquierda. Luego desciende las escaleras que se encuentran al otro lado y llegarás a la verdadera entrada.
EVELYN: Debes llamar a la puerta tres veces seguidas y te pedirán una contraseña.
EVELYN: Es “Pájaros cantores”.
EVELYN: No preguntes. No tengo idea de por qué eligieron esa frase.
EVELYN: Estaré aguardando por ustedes al otro lado 😉
Le enseño los mensajes a Amy y ambas nos miramos con el ceño fruncido. Sin darle muchas vueltas, salimos de la camioneta y avanzamos en silencio hacia el supuesto portón rojo oscuro.
La primera en reaccionar es Amy, quien toma con ambas manos el único picaporte visible y jala hacia la izquierda, haciendo que la puerta se abra. Nos adentramos en la oscuridad del lugar y volvemos a cerrarla detrás nuestro.
No se ve absolutamente nada, por lo que enciendo la linterna de mi teléfono y me percato de que nos encontramos frente a unas escaleras descendientes. Bajamos los escalones compartiendo miradas confusas, y por fin llegamos hasta otra puerta de acero.
Del otro lado se oye el murmullo de voces e incluso se perciben las vibraciones de los instrumentos que parecen estarse tocando.
Nuevamente es Amy la que reacciona primero y llama a la puerta tres veces, tal como lo indicó Evelyn. De un segundo a otro, una pequeña rendija a la altura de nuestras cabezas se abre, y solo se ven un par de ojos oscuros.
–¿Contraseña? –pregunta una profunda voz masculina.
Mi prima y yo nos miramos una última vez antes de que ella diga:
–Pájaros cantores.
La rendija se cierra tan abruptamente que me sobresalto. Por un momento creo que no nos dejarán entrar, pero de un segundo a otro la puerta se abre y un hombre de gran tamaño y ropa oscura nos observa de arriba abajo.
–¿Tarjeta de identificación? No parecen mayores de edad –advierte con frialdad.
Su simple presencia me intimida y me provoca querer encogerme en mí misma.
–Vinimos como invitadas de Evelyn Moore –improvisa Amy con demasiada naturalidad. –Su banda tocará en unos diez minutos.
El hombre gruñe y se cruza de brazos, resaltando aún más sus músculos.
–No las dejaré pasar si no me demuestran que son mayores de edad –indica con firmeza.
Trago grueso pero siento mi garganta cerrarse. Mi cabeza comienza a comprender que el lugar está repleto de gente y provoca que mi corazón se acelere con rapidez.
–Pero-
–Sus tarjetas de identificación. Ahora.
El tono frío de su voz me estremece. De repente me veo inundada en arrepentimiento. No debería haber venido. Esto está mal.
Comienzo a respirar por la boca ya que noto la falta de aire en mis demandantes pulmones. Mis manos tiemblan y siento que me desmayaré aquí mismo si no nos vamos en este instante.
Hasta que mis ojos distinguen unos voluminosos rizos castaños y una brillante chaqueta de cuero.
Por alguna razón creí que ver a Evelyn aumentaría aún más mi ansiedad, pero para mi propio asombro, una calidez invade mi pecho, y mi respiración se relaja un poco.
–Hey, Chad, vas a espantar a mi público con ese temperamento.
La morena posa una mano en el grueso hombro del hombre con una postura relajada y divertida.
–Moore, no puedo dejar ingresar a menores de edad –le advierte él entre dientes.
–Y yo no voy a dejar que se vayan –contraataca Evelyn con una falsa sonrisa inocente. –No seas aguafiestas, anciano. Vienen a verme a mí.
El hombre se toma unos segundos para observarnos de arriba abajo una vez más y luego relaja sus hombros, soltando un pesado suspiro.
–Bien, pero nada de bebidas alcohólicas, ¿queda claro? –la pregunta va dirigida a las tres, por lo que todas asentimos obedientemente con la cabeza. –Adentro –nos ordena a mi prima y a mí, y ambas nos dirigimos en dirección a Evelyn.
–Gracias, amigo –le dice al hombre con una amplia sonrisa para luego voltearse hacia nosotras. –Me alegra que hayan venido.
–Gracias por invitarnos. Soy Amy, por cierto –se presenta mi prima, extendiéndole una mano. Evelyn se la estrecha con su característica seguridad.
–Evelyn, aunque probablemente eso ya lo sabes.
Una vez que dejan caer sus manos, la morena me echa un vistazo de arriba abajo y una sonrisa se extiende por sus gruesos labios, provocándome un extraño escalofrío.
–Síganme. Los demás ya reservaron una mesa –dice de repente, y comienza a adentrarse en el bar.
El lugar luce rústico y acogedor con las tenues luces y las mesas y sillas de madera. A un lado se extiende una larga barra en la que tres bármanes trabajan sin parar, y al fondo se ve un pequeño escenario en el que ahora toca otro grupo de personas.
–¿Estás bien? Te noté algo pálida ahí atrás –me susurra Amy mientras seguimos de cerca a Evelyn.
–Sí, tranquila, ya estoy bien –respondo en un murmullo.
Y esa era la verdad. Por alguna razón indescifrable, volver a ver a Evelyn me transmitió cierta familiaridad que detuvo mi ataque de pánico. Era como una luz en tanta oscuridad, o algo conocido entre tantos desconocidos.
Llegamos hasta una de las mesas en la que se encontraban los demás colegas de Evelyn junto con Emma, otra joven que parecía de su edad, Alan y alguien que no me lo esperaba en lo absoluto: una niña de no más de cinco años.
–El escuadrón Amidy ya está aquí –anuncia Evelyn, haciendo que las ocho personas se volteen hacia ella. –Ellas son Cassidy y Amy –nos presenta. –Y ellos son Noah, Ezra, Elijah, Scarlett, Harper, Anahí y Alan –agrega señalando a cada uno de ellos.
Emma le echa una mirada irritada.
–Oye, también estoy aquí –se queja.
–Tú ya tuviste tu oportunidad de presentarte –le dice su hermana a modo de broma, y la empuja del hombro con cariño.
–¿Qué tal? –saluda Amy con amabilidad mientras que yo susurro un suave hola.
–Eve nos ha hablado mucho de ustedes, en especial de ti, Cassidy –la voz de la muchacha de llamativo cabello azul que vi como única vez en aquél callejón me sorprende. Siento mis mejillas arder y sonrío por instinto. Luego noto cómo sus brillantes ojos verdes se elevan un poco. –Oh, por Dios, tienes un cabello precioso.
Me quedo rígida en el lugar cuando ella se acerca hasta mí y toma con suavidad uno de los mechones que cae sobre mi rostro.
–¿Puedo?
No sé a qué se refiere, pero asiento con la cabeza por instinto. Ella estira un poco su otra mano y suelta mi rodete, haciendo que mi pesado cabello caiga hacia delante.
El asunto con mi cabello era algo complicado. Heredé la suavidad y el lacio de mi madre, por lo que no me llevaba mucho esfuerzo mantenerlo en buen estado. Con un simple lavado bastaba para que brillara por su propia cuenta. Lo llevaba largo por la cintura debido a que mi madre siempre me decía que lo dejara crecer para “hacerlo notar”.
La cosa es que luego de que mi familia de destruyera y mi madre se borrara de Oregón, le tomé odio a mi cabello porque lo único que hacía era recordarme a ella.
Entonces, ¿por qué simplemente no lo corté?
Porque mi madre continuaba elogiándomelo durante las pocas veces que hablamos por videollamada; porque su aprobación aún sigue teniendo un efecto en mí por más que quisiera hacerlo desaparecer; porque soy una cobarde; porque siento que si lo hago, perderé lo único que me queda de ella.
Sí, lo sé, soy una persona muy complicada.
Regresando al presente, Scarlett pasa sus manos con suma delicadeza entre los mechones como si se tratara de un tesoro.
Se siente raro llevarlo completamente suelto. Dejé de hacerlo desde que mi madre se fue. No me animaba a cortarlo, pero sí lo mantenía constantemente recogido, por lo que me sentía extraña e incómoda.
Aunque la profunda mirada de Evelyn al otro lado de la mesa me distrajo por unos pocos segundos. No esperaba encontrarla observándome con… tanta atención.
–Es una belleza –exclama Scarlett, sacándome de un trance. Sus ojos parecían brillar aún más mientras miraba mi cabello.
–No te asustes –comenta Elijah en mi dirección. –Es así con todo el mundo. Le fascina todo lo que tenga que ver con el cabello –agrega, señalando con el mentón a su compañera. Ella ríe y le enseña la lengua a modo de burla.
–Adivino. Tú debes ser la majestuosa peluquera que mantiene a la perfección los rizos de Evelyn y de Emma –interviene Amy con una amplia sonrisa. Los ojos de Scarlett se iluminan aún más.
–No sabía que ya tenía tanta buena fama –dice junto a un guiño de ojo cómplice.
Su atención se traslada hacia Amy, por lo que aprovecho que ambas se sumergen en una conversación sobre tratamientos de cabello y ese tipo de cosas para volver a recoger mi cabello y tomar asiento en una silla libre al lado de Emma, no sin antes quitarme el abrigo y colgarlo en el respaldo de la misma. La muchacha me sonríe al verme. La niña de unos tres o cuatro años se encontraba sentada sobre su regazo, jugando con unos animalitos coloridos sobre la mesa.
–¿Cómo te… cómo te encuentras? –me atrevo a preguntarle a Emma por lo bajo.
Si me dejara llevar por la imagen que tengo frente a mí, diría que se encuentra maravillosamente bien. Luce espectacular, como si la persona que encontré ayer en el baño del instituto hubiera sido alguien completamente diferente.
–Mucho mejor –responde, sonriente. –Y todo gracias a ti.
–No hice la gran cosa… –murmuro, desviando la mirada.
–Me dijiste que ya pasaste por lo mismo. Si de verdad lo hiciste, deberías saber que lo que hiciste conmigo fue muy importante –aclara con firmeza.
Y era cierto. Había llegado en el momento justo para salvarla de algo peor que un ataque de pánico. El único problema era que aún no podía creer que yo fui esa persona. Se supone que yo soy la que tendría que estar en el lugar de Emma, no al revés. Pero así fue, ¿no?
–¿Quién es ella? –pregunto para desviar el tema de conversación y señalo a la niña que parece encontrarse en su propio mundo de animalillos de plástico.
–Es Harper –me responde, pasando una mano por su corto y ondulado cabello castaño claro. La niña no se inmuta en lo más mínimo. –La hija de Scarlett.
Parpadeo un par de veces para comprobar que haya oído bien. Observo el perfil de la pequeña, las diminutas pecas en sus redondas mejillas y los grandes y expresivos ojos verdes; luego me volteo hacia Scarlett, quien continuaba sumida en una conversación con mi prima. Me percato de la forma respingada de su nariz y de las pecas idénticas en las mejillas.
Vaya, eso sí que no me lo esperaba. En especial por el hecho de que ella lucía tan sólo unos dos o tres años mayor que yo.
–Lucen idénticas –es lo único que se me ocurre decir y que es completamente cierto.
–¿Verdad que sí? –dice Emma, riendo. –Según lo que dijo Scarlett, lo único que heredó de su padre fue el color del cabello. El resto es cien por ciento de ella –me explica mientras ambas observamos cómo Harper cambia sus tonos de voz para interpretar las voces de los animales con los que juega.
–Y… ¿el padre está aquí? –pregunto con cautela.
Emma suelta una risa amarga.
–El desgraciado huyó en cuanto Scarlett le dio la noticia –dice con desprecio. –Era un cobarde. Estoy segura de que ambas están mejor sin él.
–Pues si dices eso, estoy segura de que sí –concuerdo.
De repente, un tintineo proveniente del bolsillo de mi sudadera llama mi atención. Saco mi teléfono y me pregunto cuál podría ser la razón por la que alguno de mis tíos quisiera saber de nosotras habiendo pasado tan poco tiempo desde que nos fuimos.
Excepto que no eran mis tíos.
EVELYN: Te veías bien con el cabello suelto 🙂 No me importaría si volvieras a soltártelo.
Frunzo el ceño y levanto la mirada. La morena se encuentra conversando con Ezra, Noah y Elijah como si nada. Ni siquiera lleva el teléfono en su mano. Por un momento pienso que alguien se lo tomó y escribió eso por ella, pero de repente voltea discretamente sus ojos miel y se encuentra con mi mirada. Me guiña un ojo y regresa su atención a sus colegas.
Me la quedo mirando por unos largos segundos y luego regreso a la pantalla del teléfono.
CASSIDY: Creo que tenías razón. Hay mucho más que la simple mudanza de mi madre a Chicago.
Titubeo un poco debido a que no creo que comprenda lo que quiero decirle, pero tomo aire y presiono el botón de enviar, regresando el dispositivo a mi bolsillo.
Mientras Emma procede a presentarme a sus compañeros de clase y amigos Anahí y Alan (aunque a este último ya lo conocí en la feria), observo de reojo cómo Evelyn ríe ante un comentario de Noah al tiempo en que revisa la pantalla de su teléfono. Lee rápidamente su nuevo mensaje y levanta la mirada hacia mí. La sonrisa desaparece de sus labios y me observa con confusión y seriedad a la vez, gesto que no sé interpretar.
Y jamás lo haré, ya que de repente aparece una mujer de unos treinta años con un traje formal y una tableta electrónica en la mano.
–Moore, Laurier, Relish, Villan y Withlock –llama en voz fuerte y clara. –Ya pueden comenzar a preparar el escenario. Tocarán en cinco minutos.
Los cinco integrantes de la banda se ponen de pie, haciendo que se interrumpa la extraña conexión de miradas entre Evelyn y yo.
–Llegó la hora, niños –declara Ezra mientras se despereza. Estirando sus brazos hacia arriba hace que se vea muchísimo más alto de lo que ya es. Debe rondar el metro ochenta y cinco.
–Rómpanse un brazo o lo que sea.
–Es la pata, Emma, la pata –bufa Elijah. Emma ríe y le dedica un gesto cómico a modo de burla.
–Espero que seas buena alentadora, Cassidy –me dice Evelyn, volviendo a guiñarme un ojo de manera cómplice. Noto cómo mis mejillas enrojecen y agradezco que no haya mucha luz en el ambiente.
–Haré lo que pueda –le digo, reprimiendo una sonrisa.
La respuesta parece bastarle ya que se voltea al escenario con una radiante sonrisa.
–¿Y tú alentarás a mamá, traviesilla? –pregunta Scarlett en dirección a su hija, utilizando una voz aniñada y tierna. Por primera vez, Harper deja de prestarle atención a sus juguetes y levanta la mirada hacia su madre. Su rostro parece iluminarse.
–¡Sí! ¡Sí! –exclama alegremente mientras se mueve arriba y abajo sobre el regazo de Emma. La morena contorsiona el rostro para ocultar el dolor de piernas que eso le provoca.
–Así es, alentaremos a mamá –concuerda Emma, forzando una sonrisa. Scarlett ríe y le lanza un beso a su hija, quien lo “atrapa” y se lo lleva a la mejilla.
Jamás fui buena con los pequeños porque todos mis primos eran mayores que yo, por lo que yo fui la pequeña de la familia. Pero al ver actuar a Harper de esa manera, me provocaba querer haber tenido uno alguna vez. Era verdaderamente adorable.
Finalmente, los integrantes de la banda se dirigen a un lado del escenario y comienzan a montar sus instrumentos y cables en sus respectivos lugares con sorprendente orden y coordinación. Estaba claro que habían hecho esto miles de veces.
Cuando todos los instrumentos se encuentran sobre el escenario, cada integrante toma su puesto: Noah acomoda su gorra al revés sobre su cabeza y toma dos palillos para luego sentarse detrás de una batería; Ezra se sube las mangas de su camisa hasta sus codos al tiempo en que sujeta un bajo y comprueba que los cables estén bien conectados al amplificador más cercano; Elijah toma asiento detrás de un teclado eléctrico y acaricia las teclas con suavidad; Scarlett emprolija su cabello luego de haberse colgado del cuello la correa de una guitarra eléctrica y, al igual que Ezra, comprueba que los cables estén correctamente conectados; por último, Evelyn se paró al frente del escenario y coloca el micrófono en una posición que le resulta cómoda.
Con tan solo observarlos prepararse podría considerarse un show. Jamás le había prestado atención a las bandas tocando en vivo, por lo que todo esto era un mundo completamente nuevo para mí.
Y me estaba resultando fascinante.
–¿Por qué lucen como si fueran protagonistas de una…?
–¿…película de acción? –inquiero, completando la pregunta de mi prima, quien se había asomado en un hueco entre Emma y yo.
–Exacto –asiente con la cabeza, sin quitar los ojos del escenario.
–¿Verdad que son guapos? –se suma Anahí con un brillo divertido en sus ojos oscuros.
Las tres reímos, pero Emma es quien asiente con la cabeza y murmura:
–Vaya que sí son guapos.
Amy y yo la observamos con curiosidad mientras que Anahí le regala una sonrisa pícara.
–Siento que me estoy perdiendo de algo –suelta Amy con cautela. Anahí y Emma vuelven a reír.
–Emma ya le echó el ojo a uno de ellos –comenta Anahí como quien no quiere la cosa. Eso hace que Amy se sumerja aún más en el asunto.
–¿A quién? –pregunta en dirección a la morena mientras intenta en vano reprimir una sonrisa.
–Aquí vamos otra vez… –murmura Alan con un tono de irritación en la voz. Emma le hace un gesto de desdén con la mano antes de responderle a Amy:
–Elijah –confiesa con una sonrisa tímida. –Hace años que no puedo quitármelo de la cabeza, pero es… complicado.
–¿Elijah es complicado?
Emma ríe.
–No, no Elijah. En realidad, me refiero al grupo en general. Tienen el maldito típico código entre amigos en el que no pueden liarse con los hermanos del otro –explica con un ligero tono de fastidio.
–Entonces… ¿ninguno de ellos lo sabe? –continúa indagando Amy. Es una experta en hacer las preguntas correctas, debo admitir.
–Irónicamente, solo dos de ellos no lo saben, y son los que primero deberían saberlo –interviene Anahí, poniendo los ojos en blanco.
–Adivino. ¿Evelyn y Elijah?
–Evelyn y Elijah –afirma Emma con un suspiro mientras acaricia el cabello de una distraída y entretenida Harper. Luego sacude la cabeza y recupera su compostura. –Me da igual. En algún momento lograré llegar a él.
–Ya te dije que volverás las cosas incómodas entre ambos –le recuerda Alan. Al parecer, no era la primera vez que hablaban sobre el tema.
–Y yo ya te dije que hace tiempo dejó de importarme lo que Eve pueda pensar al respecto –contraataca Emma. –No le estoy haciendo daño a nadie.
–¿Y estarías dispuesta a hacerlo si eso significa arruinar su amistad?
Ella lo fulmina con la mirada.
–Ya son bastante mayores para ese tipo de dramas, Alan –bufa.
–En realidad, Emma… –interviene Amy con cuidado. –Este tema causa estragos incluso a esa edad. Ya ha sucedido varias veces, y es completamente normal cuando un hermano tiene amigos tan atractivos como ellos –reconoce con una sonrisa traviesa. –Pero la clave está en el diálogo. Podrían resolverlo tranquilamente si se disponen a conversarlo. Después de todo, sería un gran cambio tanto para Elijah como para Evelyn.
Debo reconocer que las palabras reflexivas de mi propia prima me dejan impresionada.
–Ya, pero… –la morena desvía la mirada y luego suspira profundamente, encorvando los hombros. –¿A quién quiero engañar? Ni siquiera puedo lograr que él me mire de otra forma que no sea “la hermana pequeña de su mejor amiga” –agrega, haciendo comillas en el aire desganadamente.
–Irás paso a paso. Y no tienes de qué preocuparte. Estoy segura de que tarde o temprano se dará cuenta de lo que perderá si no te da una oportunidad –le dice Amy con un guiño de ojo cómplice. –Solo recuerda lo que te dije.
–Tienes razón, lo haré –afirma Emma, regalándole una sonrisa más relajada. –Gracias, Amy –hace una pausa para luego preguntar: –¿Has pensado en estudiar psicología?
A mi prima parece sorprenderle la pregunta.
–No mucho, la verdad. ¿Por qué? –pregunta con curiosidad. Emma se encoge de hombros.
–No lo sé, por un momento has sonado como una –responde, sonriendo de lado.
Amy no dice nada más pero se queda observando un punto invisible en la mesa con una expresión serena y pensativa.
Estoy a punto de preguntarle si todo va bien pero me veo interrumpida por una voz familiar que proviene de los parlantes del bar. Mis ojos viajan automáticamente al escenario.
–Buenas noches a todos –saluda Evelyn con una amplia sonrisa. Observa a su público detenidamente y no entiendo cómo hace eso. Si yo me encontrara en su lugar, mis piernas estarían temblando descontroladamente y no podría mirar a nadie a los ojos.
Pero ella lucía… en su zona de confort.
–Primero que nada, quiero agradecer a los dueños del bar por darnos un pequeño espacio para tocar –comienza diciendo, señalando a tres personas que se encontraban detrás de la barra. Ellos asienten en dirección a Evelyn a modo de aprobación. –Somos The Darkest Lives, y esta noche tocaremos un par de canciones escritas y compuestas por nosotros.
Al finalizar, el público comienza a aplaudir relajadamente. Nosotros nos sumamos, e incluso Harper se despega de sus juguetes para imitar a Emma de una manera cómica y dulce.
–Muy bien –Evelyn toma aire y lo deja salir lentamente con los ojos cerrados. Cuando vuelve a abrirlos, lucen más brillantes que nunca. –Esta canción se llama “If you can´t get up”.
Se voltea hacia sus compañeros por unos segundos y todos comparten un asentimiento de cabeza. Finalmente, Noah golpea sus palillos entre sí tres veces, y en un abrir y cerrar de ojos, se encuentra tocando su batería con destreza y habilidad.
Tal como Evelyn me había dicho la tarde anterior, una melodía energética característica del género de rock comienza a llenar la totalidad del bar. Automáticamente, mis pies comienzan a golpear el suelo al ritmo del bombo de la batería. Se trataba del típico ritmo pegadizo que resultaba imposible escucharlo y no mover ni siquiera un dedo.
Los demás instrumentos comienzan a unirse con coordinación, creando un sonido movedizo, alegre y profundo a la vez. Por el rabillo del ojo podía percibir al público moviendo la cabeza en sintonía, e incluso algunas personas comenzaban a grabar el espectáculo con sus teléfonos.
Y cuando la voz de Evelyn reverberó a través de los parlantes…
Mi piel se erizó en el momento exacto en que comenzó a cantar; pero no se debía solo al hecho de que sonaba increíblemente hermosa, sino la forma en que se expresaba con la totalidad de su cuerpo. Mientras con una mano sostenía con fuerza el micrófono, con la otra hacía gestos firmes para resaltar sus palabras, e incluso jugaba un poco con su cabello para desordenarlo y adaptarlo a esta imagen suya que era completamente nueva para mí. Sus pies golpeaban el suelo del escenario con fuerza al ritmo de los sonidos que provocaba Noah con su instrumento.
Durante el poco tiempo que pasé con Evelyn, aprendí que a donde fuera que vaya, cargaría con una luz propia que provocaba que todo el mundo volteara a verla; pero ahora que la veía allí arriba en ese escenario… Me siento una imbécil sin saber qué decir. Luce como una maldita estrella que resplandece con luz propia.
Por supuesto que sus colegas no quedan atrás. Cada uno parece darlo todo al hacer sonar su propio instrumento. Incluso Ezra y Scarlett se mueven por todo el escenario (con cuidado de no enredar sus respectivos cables) e interactúan con los demás integrantes con total naturalidad.
El problema estaba en que no podía dejar de mirarla a ella. Por más que intentara prestarle más atención a los demás músicos, mis ojos siempre regresaban a esos voluminosos rizos y a esa resplandeciente sonrisa.
El segundo estribillo resultó ser más intenso que el primero, haciendo que la melodía me provocara un cosquilleo por todo el cuerpo. La voz de Evelyn se funde con algunos agudos y graves por parte de Scarlett y Ezra, y el público aplaude y ovaciona. Sucede tan rápido que tardo varios segundos en percatarme de que yo también lo estaba haciendo. En cuanto sentí que me debía de estar viendo como una imbécil, me aclaré la garganta y me removí incómoda en el asiento. Lo bueno era que los demás en mi mesa se encontraban sumergidos en el espectáculo.
Lo que resulta una única canción termina convirtiéndose en otras diez canciones y más de cuarenta minutos que literalmente se me pasan como segundos. Cuando Evelyn, con la respiración agitada, agradece al público y promociona las redes sociales de su banda antes de despedirse, reviso mi teléfono y me quedo mirando la pantalla con incredulidad cuando leo que son las diez de la noche.
Jamás en mi vida se me había pasado tan rápido el tiempo estando fuera de mi casa.
Aunque, bueno, también estaba esa merienda con Evelyn.
Con Evelyn. Todo es con Evelyn. Maldita sea, ¿qué me está pasando?
–¡Abran paso a los reyes de la noche! –exclama Emma con una voz semejante a una anunciadora de televisión al tiempo en que los integrantes de The Darkest Lives se acercan de regreso a nuestra mesa luego de haber dejado el escenario despejado para la siguiente banda.
Lucían exhaustos debido a sus posturas encorvadas y a sus respiraciones aún aceleradas, pero aun así podía apreciarse perfectamente en la expresión de cada uno la adrenalina y la felicidad que les había causado aquél espectáculo.
–Estoy muriéndome de sed –se queja Evelyn al tiempo en que se desploma sobre una silla. Sus rizos se veían más revueltos que nunca, pero por alguna razón le sentaban bien.
–Yo me encargo –dice rápidamente Noah. Luego le golpea el hombro a Ezra para captar su atención. –¿Me ayudas?
–A la orden, capitán –se burla el pelirrojo, y lo sigue hasta la barra.
–¡Mami! ¡Mami! –los gritos repentinos de Harper provocan que Scarlett se levante de su silla de un tirón y rodee rápidamente la mesa para llegar hasta Emma y cargar en brazos a su hija, quien ríe en voz alta y le rodea el cuello con fuerza.
Emma, Anahí, Alan y Amy comienzan a elogiar a los tres integrantes de la banda presentes, y de repente siento la necesidad de hacerlo también… pero ninguna palabra sale de mi boca. La ansiedad que me provoca tener que elevar la voz por sobre la de los demás cierra mi garganta, imposibilitándome tragar con facilidad.
Pero no me rindo y lo hago de la única forma en que sé comunicarme: por escrito.
CASSIDY: Me dejaron sin palabras. Suenan absolutamente increíbles. No me lo esperaba para nada.
En cuanto presiono el botón de enviar, me arrepiento. Es una actitud propia de una cobarde. Si Evelyn lo lee, será otra persona más que pensará que soy rara, y todo volverá a como era antes.
Y cuando la morena desciende la mirada discretamente hacia su teléfono mientras Elijah habla con entusiasmo hacia los demás, siento un grueso nudo en el estómago que me provoca náuseas.
Pero entonces percibo una de las comisuras de sus labios elevándose ligeramente hacia arriba.
El tintineo de mi teléfono me sobresalta. Bajo la mirada hacia la pantalla ahora iluminada.
EVELYN: Me gusta impresionar a la gente 😉
EVELYN: Por cierto, ¿escuchas rock?
Titubeo un poco, mordiéndome el labio inferior.
CASSIDY: La verdad es que no.
EVELYN: ¿Harías una excepción ahora que nos escuchaste? 🙂
Sonrío como una estúpida y no me importa en lo absoluto. Tampoco es que alguien me estuviera prestando atención.
CASSIDY: Creo que puedo hacer eso 🙂
–Oye, Eve –la suave y aguda voz de Scarlett hace que tanto Evelyn como yo levantemos nuestras miradas con rapidez. La peliazul le hace un gesto discreto a su amiga con su cabeza en dirección a una mesa en particular, y todos nos volteamos hacia allí con curiosidad.
Se trataba de un grupo de cuatro jóvenes que no parecían pasar los veintidós años y que levantaban sus copas en dirección a la vocalista de la banda.
–Has estado genial, preciosa.
–Eres toda una artista.
–Una estrella más de Hollywood.
–Gracias, chicos –les dice Evelyn con una sonrisa amable y un pulgar en alto.
–¿Por qué no vienes a tomarte una copa con nosotros? Yo invito –añade uno de ellos.
Algo en el rostro de la morena se ensombreció.
–No, estoy bien aquí, gracias –su sonrisa se veía más forzada que antes.
–Vamos, solo una copa. Ven a divertirte un rato –insiste el joven con un guiño de ojo que no me resultó para nada agradable.
De repente, Elijah se volteó en seco para fulminarlos con la mirada.
–Dijo que no, imbéciles –espeta con impresionante firmeza. Los demás intercambian miradas confusas y se encogen de hombros para luego sumergirse en su propio mundo.
—Hombres –murmura Evelyn con irritación al tiempo en que ella y Elijah se voltean nuevamente hacia nuestra mesa.
–Hombre malo –pronuncia Harper con la nariz fruncida. Todos reímos instantáneamente.
–Tu madre te ha enseñado muy bien, por lo que veo –le dice Evelyn junto a un guiño de ojo cómplice. Scarlett asiente con la cabeza al tiempo en que una orgullosa sonrisa ilumina su rostro.
Finalmente, Noah y Ezra regresan de la barra cargando varios vasos y copas. Comenzaron a repartir las bebidas, empezando por los vasos de agua ya que iban exclusivamente para nosotros, los menores de edad.
Tengo que admitir que ese gesto responsable no era algo que me esperara de ellos. En serio, tengo que dejar de juzgar a las personas por sus apariencias.
Los únicos mayores de edad eran los miembros de la banda, por lo que cada uno ahora cuenta con un trago diferente. Emma da paso a un brindis levantando su vaso, y todos la imitamos. Mi mirada se cruza con los brillantes ojos de Evelyn y una sonrisa orgullosa surca su rostro.
El resto de la velada pasó como un suspiro. Los temas de conversación parecían no acabar jamás, hecho que me agradaba bastante. Yo no hablaba mucho, la verdad, tan sólo pronunciaba alguna que otra respuesta monótona; pero lo que noté diferente de otras veces en que me había encontrado en una situación en que las demás personas hablaban mucho más que yo, era que esta vez me sentía extrañamente cómoda. No me sentía obligada a decir algo, simplemente escuchaba, y si tenía que acotar algo, lo hacía.
Nadie me presionaba a hablar. Eso era lo que siempre sucedía con mis padres, en especial con mi madre. Siempre que nos encontrábamos reunidos con alguna otra persona, me incentivaban a que hablara y me hacía sentir horrible, inútil, infantil; y provocaba que hablara aún menos.
En cambio, allí con ese grupo de personas, todos actuaban con normalidad a mi alrededor. Y si yo tenía algo que decir, por más mínimo que fuera, me escuchaban, pero no como si fuera la cosa más importante del mundo, sino como si fuera una persona más, que era lo que siempre quise ser.
En fin, en un momento de la noche todos nos pusimos de pie para acercarnos al escenario y disfrutar de la melodía que estaba tocando un nuevo grupo de música. Se trataba de un ritmo constante, tranquilo y alegre, perfecto para oírlo de fondo mientras conversabas con tus compañeros.
–¿Así que te gustó oírnos? –me preguntó Evelyn durante un punto en el que habíamos quedado algo apartadas del resto.
–Me encantó –admito con una sonrisa tímida. –¿The Darkest Lives? ¿A quién se le ocurrió el nombre? –curioseo.
Me arrepentí en cuanto noto cómo una sombra cruza su semblante y borra la sonrisa de sus labios. Maldita sea, ¿por qué no podía ser como mi prima que sabía exactamente qué preguntar?
–Un amigo –confiesa luego de varios segundos en silencio. Sus ojos evaden los míos. –Solíamos ser seis. Él fue quien inventó el nombre.
Solíamos. Una palabra tan amarga y dolorosa.
–Lo lamento –murmuro, bajando la mirada. –No debí haber preguntado.
–No, no, está bien. No lo sabías –dice ella rápidamente. –No acostumbro a hablar mucho de él. Sucedió hace algunos años, pero… aún se sigue sintiendo reciente, ¿sabes?
Casi se me escapa una risa amarga. Por supuesto que la entendía.
–Sí, me puedo hacer una idea –digo distraídamente. –En fin, mi punto es que me agrada el nombre. ¿Sabes por qué lo eligió?
Ella sonríe, pero es una de esas sonrisas tristes, inseguras.
–¿Recuerdas cuando te dije que no conozco ni una sola familia que no tenga problemas? –asiento en respuesta. –Lo dije porque eso fue lo que en un principio nos unió a mis colegas y a mí.
–¿Familias… disfuncionales?
–Exacto –afirma la morena, cruzándose de brazos. –Cargábamos con ese tipo de problemas familiares que nos opacaban a nosotros mismos. Por más que intentábamos hacernos a un lado, ellos siempre regresaban a nosotros.
—Las vidas más oscuras –murmuro, comenzando a comprender.
–Las vidas más oscuras –repite Evelyn, con un brillo de nostalgia en sus ojos. –Eso es lo que eran nuestras vidas antes de conocernos e intercambiar pasados amargos y dolorosos. En nuestras canciones intentamos recordarle a las personas que pasan por algo parecido que no están solas, que de alguna u otra forma los entendemos.
Al escucharla, mi piel se erizaba.
–Eso es… hermoso –digo con honestidad.
–Lo es –concuerda, sonriente. Hace una leve pausa como calculando sus siguientes palabras: –Gracias por darnos una oportunidad.
–¿A qué te refieres? –pregunto con el ceño fruncido.
–Sé que es difícil volver a ver a mis colegas… a nosotros cinco luego de lo que presenciaste en ese callejón –explica con cautela. –Te invité no solo porque en verdad quería volver a verte, sino porque quería que nos vieras en nuestro estado más puro –agrega, señalando el escenario. –No creo que sea sencillo tener una imagen diferente de nosotros luego de lo que viste esa primera vez, pero quería darte la oportunidad de que compruebes por ti misma que no somos solo eso.
Observo a los demás sumidos en diferentes conversaciones. Lucían tan relajados, tan… en su zona de confort. Tan humanos.
Tomo aire para hablar.
—Quiero darles otra oportunidad.
Y era cierto. No solo para ver hasta qué punto las apariencias engañan, sino también porque por primera vez me sentía cómoda en un ámbito diferente. Y ahora que lo había probado por primera vez, no quería que esa sensación se desvaneciera. Quería que fuera el comienzo de algo distinto.
La sonrisa de Evelyn ilumina todo su rostro.
–Nosotros también –afirma con un asentimiento de cabeza.
–¡Oye, Evelyn! –la fuerte voz de Ezra me sobresalta. –¿Quieres otra copa?
La morena rompe el contacto visual conmigo y se voltea hacia su amigo.
–Cuantas más, mejor, hermano –dice con diversión, y me hace un gesto con la mano para que la siga hacia donde se encontraban los demás.
…………………
A las once treinta y dos de la noche Amy abre la puerta de su casa y ambas nos adentramos en la oscuridad de la misma. Intentamos hacer el menor ruido posible, pero de repente los perros perciben nuestra esencia y corren hacia nosotras jadeando y ladrando desesperadamente.
Adiós a entrar en silencio.
–¿Niñas? –la voz de mi tío se oye desde los pies de las escaleras. Ambas intercambiamos una mirada preocupada y nos acercamos hasta él.
Unos veinte escalones nos separan. Clayton nos observa desde el piso de arriba con cierta cautela.
–¿Todo bien? –pregunta, frotándose los ojos. Al parecer, lo habíamos despertado.
–Sí, lamentamos molestarte –se apresura a decir Amy en voz baja. –Ya nos íbamos a dormir.
–Está bien, está bien –bosteza. –¿La pasaron bien?
Y yo que esperaba que nos regañara por haber llegado tan justas de horario. Recién ahora me estoy percatando de lo poco que conozco a mi propia familia.
–Sí, estuvo genial –afirma mi prima una vez que llegamos a la primera planta, con nuestras mascotas pisándonos los talones. No dejaban de olfatearnos los pies con demasiado interés.
–Me alegra saberlo –le dice su padre con una sonrisa adormilada. Luego se voltea hacia mí. –¿Cassie?
No sé por qué, pero me sobresalto ligeramente.
–¿Sí?
–¿Te divertiste?
Claro, ahora entiendo por qué todo esto me resulta tan extraño. Era la primera vez que estaba teniendo este tipo de conversación con alguien porque, efectivamente, era la primera vez que salía. Eso me hizo sonreír.
–Sí, mucho –respondo.
Algo en su rostro parece relajarse, y me provoca una calidez en mi pecho.
–Qué bueno oír eso –luego de una pausa, agrega: –Muy bien, vayan a descansar. Hablaremos mañana.
Nos despedimos de él y luego entre nosotras para que cada una se dirigiera a su habitación seguida de su respectiva mascota.
Una vez que me encontraba entre la calidez de mis sábanas y del pelaje espeso de Artemis con mi cómodo pijama puesto, creí que en cuanto cerrara los ojos me dormiría profundamente; pero de repente sentía unas desesperadas ganas de escribir. Mi mente desbordaba de inspiración y sabía que tenía que aprovecharla, por lo que me senté en la cama y coloqué la laptop sobre mi regazo.
Por primera vez, estaba escribiendo una historia en la que al personaje le sucedía algo bueno.