Mi hermana y yo

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Capítulo 2

Capítulo 2

 

En una sala acompañada de una psicóloga se encontraba una jovencita de apenas 6 años, en un lamentable suceso le dijeron que sus padres tuvieron que partir por fuerza mayor y que ellos estaban decidiendo con cuál de sus familiares se quedaría, todo esto era una forma para decirle lo que realmente pasaba y que ella pudiera entender, pero, aun en su inocencia y corta edad sabía que le estaban mintiendo, sin embargo no le quedaba más remedio que aceptarlo, se encontraban en un tribunal donde se decidiría quien quedaría encargado como su tutor legal, en la sala de la audiencia se encontraban sus abuelos paternos junto a ellos estaba su abuela materna, una señora de edad más avanzada acompañada de otro hombre, el hermano mayor de la madre de ella

 

—Entramos en sesión para definir quién quedará a cargo de Tatiana Malagón Corredor. Tenemos a los padres de su padre, el señor José David Malagón Rodríguez y la señora Carmen Salazar Mesa. Además, están presentes la madre de su madre, la señora María de Jesús Quintero, y su hermano, el señor Francisco Corredor Quintero. Cada uno tendrá un tiempo para argumentar porqué deberían obtener la custodia de la niña.

 

Los primeros en tomar la palabra fueron sus abuelos paternos. El señor y la señora se levantaron juntos y, saludando a la jueza, comenzaron su argumento.

 

—Su señoría, nosotros no tuvimos más hijos que al hombre que perdimos en ese trágico accidente. Aún estamos llenos de dolor y sentimos una profunda tristeza en el corazón. Enterrar a nuestro hijo, cuando el orden natural de las cosas es que fuera al contrario, nos dio a entender lo fugaz de la vida. Junto a mi esposa, podremos llenar de amor y de bienestar a esa pequeña. La cuidaremos con todo el cariño que se merece y siempre velaremos por su salud y estabilidad.

 

—Interesante, señor José, pero en su estudio de crédito ustedes dependen de solo una entrada económica, la de su pensión. Soy consciente de que juntos reciben actualmente una remuneración económica, pero es apenas suficiente para solventar sus gastos. En caso de una emergencia con la pequeña, ¿cree tener como reponerse? –

 La pregunta lo dejó sin habla. No era sorpresa que todo aumentaba de precio año con año, y sabía que lo que les llegaba era apenas para ellos dos. En más de una ocasión, incluso tuvieron que pedir ayuda de su hijo para salir de problemas inesperados.

 

—Su señoría, si me permite —dijo la señora Carmen—. Mi esposo y yo estamos un poco avanzados en edad. Lo que dice de la pensión es verdad, pero usted sabe que a un niño se debe llenar de amor y cariño. El tema de la plata es algo tan corriente que podremos sobrellevarlo de una u otra forma.

 

—Está bien, déjeme pensarlo. Podemos pasar a la siguiente solicitud. La señora María de Jesús Quintero, madre de la madre de Tatiana, también ha presentado una solicitud para obtener la custodia de la niña.

María era una mujer ya muy vieja. En su juventud, tuvo ocho niños: cinco varones y tres mujeres. Ella estaba en la audiencia para tener la custodia de su nieta, la hija de su hija menor, y a su lado estaba su hijo más querido, el segundo menor de todos, y el que velaba por ella en todo momento.

 

—Su señoría, déjeme intervenir a mí en lugar de mi madre, ella está algo fatigada por los años y no creo que sea justo forzarla—. Francisco se levantó y dejó a su madre descansar en la silla donde estaba, mientras se ajustaba la corbata y se aclaraba la garganta.

 

—Bien, vera usted, yo soy una persona que actualmente aún trabaja y estoy en la mejor etapa de mi vida. Mi madre también recibe pensión y, fuera de eso, yo la ayudo económicamente en lo que necesita. Por temas de trabajo, no estoy cerca, pero bueno, puedo hacer ese sacrificio por ella. En cuanto a mi sobrina, le puedo garantizar que nunca le faltará un plato de comida, una cama cómoda y su buena educación. Además, casi no he podido convivir con ese dulce angelito. Ya sabe, lo de ser comisionista requiere que me desplace a donde me necesiten, jajaja. Creo que, no, estoy seguro de que nosotros somos los más capacitados para su cuidado—. Francisco hizo un gesto de confianza con las manos y sonrió ligeramente.

 

—Buen argumento, pero hasta donde tengo entendido, nunca le interesó convivir con su hermana tampoco. ¿Por qué el cambio?

 

Francisco se inclinó ligeramente hacia adelante, con una expresión de interés en su rostro. —A… bueno, siempre se puede empezar de cero, ¿no?

 

La jueza no se hallaba del todo convencida; este sujeto tenía una energía que no le transmitía confianza alguna, y por otro lado, las dos partes podrían tener dificultades con la niña. Después de meditarlo unos minutos, se sintió lista para tomar una decisión, pero justo cuando iba a abrir la boca se escucho un golpe en la puerta.

 

—Lamento la tardanza, tenía un compromiso de mayor importancia y no podía retrasarlo —dijo Alexander, mientras entraba en la sala con paso seguro y muy bien vestido. Su mirada fría y serena, como de costumbre, llenó la habitación. Giró a ambos lados para ver quiénes estaban presentes. Para su sorpresa, solo estaban los padres del marido de su madre, su abuela y, con una mirada de desaprobación y un destello de ira en sus ojos, también vio a su tío, quien le devolvió la mirada con una sonrisa hipócrita.

 

-Señor Alexander, sé que usted trata de ser lo más puntual posible, pero llegar tarde a este compromiso porque su trabajo es más importante no me parece lo correcto- dijo la jueza.

 

-Pensé en cancelarlo, pero era para entregar unos documentos para un caso más importante. Me dijeron que podía entregarlos aquí directamente y aprovechar para ganar tiempo. La demora estuvo en los parámetros de entrega y tuve que explicar cómo leerlos. Si no le molesta, podemos proceder con la audiencia- respondió Alexander.

 

La jueza estaba irritada. Conocía a Alexander desde hacía un tiempo, de hecho, ella se ofreció a llevar a cabo la audiencia de la custodia de la niña al enterarse de quien era hermana. Quería que estuviera en el mejor lugar posible después de todos los favores que Alexander le había realizado.

 

-Bien, señor Alexander, continuemos. Ya escuché las partes tanto de la familia Malagón como la de su familia- dijo la jueza.

 

-No son mi familia- respondió Alexander.

 

-Cómo diga, ahora quiero entonces que me ayude usted a decidir con cuál de las dos partes debe quedarse la infanta- dijo la jueza.

 

Alexander sabía que lo habían citado para ayudar en la decisión. Las personas que por ley debían quedarse con la pequeña eran los parientes directos, tíos o abuelos, nada de hermanos -Le tengo respuesta, conmigo- Pero esto no parecía importarle.

 

-Sabe que no puedo hacer eso- dijo la jueza.

 

-De hecho, si puede, siempre y cuando demuestre que soy la persona más capaz y mejor preparada, se puede hacer una excepción- respondió Alexander.

 

-Señoría, no puede permitir eso. Él es prácticamente un extraño para la pequeña- reclamó la abuela de la niña.

 

-Mi esposa tiene razón, no tiene derecho- apoyo su esposo.

 

-Disculpe, par de ancianos. Claro que tengo derecho. No solo soy su hermano, también soy un adulto legal y un hombre de provecho para el país- respondió Alexander.

 

-Jajaja, cuidado con lo que dices, sobrino. Yo también soy un hombre útil en el país- dijo el tío.

 

-Señoría, por qué deja que este degenerado esté aquí presente, siquiera. Además, decir que se es de provecho, estafando a personas, vendiendo mercancías de dudosas procedencias y diciendo que es “comisionista” no creo que sea exactamente de provecho- reprocho Alexander.

 

-¡Maldito irrespetuoso!- exclamó el tío.

 

-¡Orden en la sala! Alex, será mejor que midas tus palabras- dijo la jueza.

 

-De acuerdo- refunfuño Alexander.

 

En un momento, él había subido la tensión en el ambiente. Se tomó unos minutos para que todos los presentes se calmaran y comenzó nuevamente.

 

-Señoría, permita que le exponga mi punto de manera más clara. Mis ingresos representan de 8 a 10 salarios mínimos quincenales fijos. Cuando recibo trabajos especiales o aumento mis ingresos por adicionales de mis clientes, suben otros 3 salarios más. Tengo una empresa consolidada con varios empleados y un socio. Fuera de eso, cada tanto hago inversiones para aumentar mi capital. Entonces, podemos resolver que en términos económicos no tengo problema alguno en criar a una niña pequeña. En cuanto a la vivienda, mi casa es un lugar espacioso y tiene todos los servicios al día. Se encuentra en un conjunto cerrado y el mismo cuenta con una zona de recreación o parque en el cual podrá jugar y des estresarse mientras se mantiene en un espacio seguro. En cuanto a su salud, puedo garantizar que reciba la mejor atención médica posible mediante la contratación de doctores privados para que la revisen mensualmente y velar que su estado sea el mejor posible. Y en caso de una emergencia, siempre puedo responder sin sufrir un desbalance. Finalmente, en cuanto a la educación, puedo proporcionarle la mejor educación posible, en el colegio que ella elija. Puedo proporcionarle todo lo necesario para su desarrollo y educación. Y si es necesario, también puedo comprarle un perro. Sin embargo, es importante destacar que no tengo intención de malcriarla. Le enseñaré a ser independiente y a valerse por sí misma. Velaré por ella y me encargaré de ella hasta que sea una profesional en la vida. Incluso responderé por su universidad. Sabemos que soy la mejor opción. Entonces, ¿qué dice?- concluyó Alexander.

 

La jueza se tomó un momento para reflexionar; la decisión no era fácil. Mientras tanto, las dos familias se disputaban la custodia de la niña, criticando a Alexander y oponiéndose a que él obtuviera la custodia.

 

-Señor Alexander, ¿por qué quiere usted cuidar a su hermana? — preguntó la jueza. — Usted se alejó de su madre hace años y se levantó solo, ¿Qué lo motiva a ayudar a su hermana ahora?

 

Alexander se quedó meditando un momento antes de responder. Luego, levantando la mirada y viendo a los ojos de la jueza, respondió:

 

-Es una deuda que debo pagarle a mi madre por haberla abandonado a los 12 años.

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