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allpaleer

Capítulo 9

Al final de cuentas, Evelyn resultó tener la razón. Una vez que le conté a Amy lo que estaba sucediendo y luego de haberlo compartido con mis tíos (o mejor dicho, luego de haber estado presente mientras mi prima se los contaba), sentí que podía respirar por primera vez. Era extraño que esta preocupación no la tuviera yo sola y que pudiera compartirla con mi familia. Mi tío me aseguró que haría lo posible para contactarse con los líderes de las Fuerzas Armadas mientras mi tía me decía que no sacara mis propias conclusiones y que ellos siempre estarían allí para hablar sobre el tema cuando lo necesitara.

                En fin, no conocía para nada a mi familia. No me esperaba que actuaran de esa forma, sin entrar en pánico como yo lo hice. Tomaron la situación con calma y se aseguraron de que yo me sintiera acompañada.

                Y también me agradecieron incontables veces por habérselos contado (aunque técnicamente se los dijo Amy). Ni ella ni yo mencionamos nada acerca de lo que sucedió en mi casa, hecho que luego a solas le agradecí ya que prefería guardármelo para mí.

                A los tres días de que mi familia cercana lo supiera, recibí un llamado que no deseaba para nada: mi madre.

                —¡Cariño! Qué alegría oírte. ¿Cómo estás?

                En ese momento me encontraba dando una vuelta junto a Amy y a los hermanos griegos, por lo que le hice una seña a mi prima para que continuara y yo me quedé un poco más atrás junto a Artemis, quien no parecía tener ningún interés por separarse de mi lado.

                –Hola, mamá –respondo en un tono neutro. –¿Qué hay?

                —¿Cómo está todo por allí, cielo?

                –Bien –respondo, encogiéndome de hombros aunque no me vea. –¿Y tú qué tal?

                —Tu tía me ha llamado –ni siquiera me importa que haya evadido mi intento por enfocar la conversación en ella como siempre hago. Sus palabras me llevan a una sola conclusión: se enteró. –Odio que tengas que pasar por todo esto. ¿Cómo estás? ¿Alguna noticia de tu padre?

                Casi río. Casi.

                –Aún no –pronuncio, humedeciendo mis labios.

                —Y… ¿cómo lo llevas?

                Estuve a un suspiro de lanzar el teléfono al asfalto, pero en seguida recordé que no tenía dinero para comprarme otro, y no pensaba pedírselo a nadie.

                –Bien.

                —No te oyes bien.

                ¿Es en serio?

                –Escucha, mamá, ¿podemos hablar luego? Estoy paseando a Artemis –intento ocultar la desesperación en mi voz por colgar la llamada.

                —Cassie, esta es una situación muy difícil. Quiero ayudarte. Háblame, cielo, cuéntame cómo te sientes.

                Si quieres ayudarme, cuelga.

                Pero no puedo decírselo. Por más que lo intente, no soy lo suficientemente valiente. Así como tampoco puedo odiarla o colgar esta maldita llamada. Oír su voz en mi oído me lastima y al mismo tiempo me transmite cierta familiaridad que hace mucho tiempo no siento.

                Odio todo esto.

                –Estoy bien. Los tíos y Amy me están ayudando –me obligo a responder. Cierro los ojos y suspiro silenciosamente. Artemis percibe mi cambio de humor y acerca su hocico a mi mano mientras avanzamos por una calle repleta de comercios.

                —Eso es muy bueno, Cassie, muy bueno –exclama. Luego le sigue un pesado e incómodo silencio, y de repente no puedo creer que esta sea una conversación entre madre e hija. ¿Cómo fue que llegamos hasta este punto?

                Lo sabes perfectamente.

                Luego comenzaron sus típicas preguntas acerca del instituto, de los estudios y de si ya decidí a qué universidad anotarme. Me preguntó si había algo nuevo en mi vida, pero ni siquiera me molesté en hablarle de lo que verdaderamente estaba pasando. De hecho, nadie lo sabía más que Amy y mis tíos, y prefería que continuara siendo así.

                Finalmente nos despedimos, y solo cuando guardé el teléfono en el bolsillo de mis jeans sentí que podía volver a respirar con normalidad. Artemis ladró moviendo su larga cola de un lado a otro y fue corriendo tras su hermano. Amy lo notó y se detuvo para aguardar a que la alcanzara.

                –¿Todo bien? –me pregunta en cuanto comenzamos a caminar hombro con hombro.

                –Tu madre le contó.

                –Bueno, después de todo… es el padre de su hija, ¿verdad? –pronuncia con cautela. La miro de reojo pero no digo nada. Al fin y al cabo, está en lo cierto.

                Un repentino tintineo proveniente de mi bolsillo capta mi atención. Al principio titubeo porque la primera persona que se me viene a la mente es mi madre, pero mi curiosidad gana y le echo un rápido vistazo a mi teléfono.

                EVELYN: Mañana. 22.00hs. Lago Smith. ¿Te apuntas?

                –¿Y eso? –curiosea mi prima porque, por supuesto, se había asomado a mi lado para poder ver la pantalla. En vez de responderle en voz alta, tecleo:

                CASSIDY: ¿A qué se debe la invitación?

                EVELYN: El destino 😉

                EVELYN: Es broma.

                EVELYN: Unos colegas de Noah se iban a juntar a pasar el rato allí y nos invitaron. Dijeron que podíamos llevar compañía yyy pensé en ti 🙂

                Pienso que eso es todo pero luego me llega otro mensaje:

                EVELYN: Amy también está invitada. Puede traer a sus amigos. Cuantos más, mejor.

                –El lago Smith debe de ser increíble por la noche –comenta Amy con una amplia sonrisa en su rostro.

                –Lo dices como si hubieras estado –inquiero con una ceja enarcada.

                –Si dices que sí, lo estaré –me guiña un ojo de manera cómplice. Yo pongo los ojos en blanco y regreso la atención a mi teléfono.

                CASSIDY: No suelo hacer esas cosas, la verdad…

                Su respuesta me llega casi de inmediato:

                EVELYN: ¿Acaso algo de lo que hicimos juntas ya lo habías hecho antes?

                Tardé en responderle lo suficiente como para que me lleguen más mensajes:

                EVELYN: Te prometo que te vas a divertir 🙂

                EVELYN: Me aseguraré de que pases una gran noche.

                Suelto un suspiro al tiempo en que dejo caer los hombros hacia adelante y levanto la mirada para encontrarme con los ojos castaños de Amy. Su sonrisa se ensancha aún más.

                –¿Eso es un sí?

                No le respondo. Solo río y continúo la caminata con un aire más renovador y relajado luego de haberle escrito a Evelyn un simple pero significativo está bien. A mi lado, Amy me rodea los hombros con un brazo y me da un apretón amistoso.

…………………

–¿El lago Smith por la noche? –pregunta mi tía durante la cena el viernes por la noche. Tiene el ceño fruncido como una mueca de ligero desagrado. –No creo que sea una buena idea.

                –Pero habrá mucha gente –le recuerda Amy. –No estaremos solas en ningún momento.

                –No sé cómo tomarme esas palabras –dice mi tío con cautela, y las demás no podemos evitar reír. Al menos el ambiente no se sentía tan tenso como parecía. –Ese tipo de lugares no es muy común concurrirlos de noche.

                –Solo serán un par de horas.

                Tanto Ava como Clayton comparten una mirada titubeante.

                –¿Quién organiza esta… fiesta? –pregunta mi tía, volteándose nuevamente hacia nosotras.

                –Noah, el amigo de Cassidy.

                Me trago el comentario de que considero que es demasiado precipitado llamar a Noah mi amigo. Luego de lo que ocurrió con Evelyn hace unos días, ya no tengo nada claro.

                Solo que quiero averiguar a dónde irá todo esto.

                –¿Habrá alcohol? –indaga mi tío.

                –No quiero mentirte, probablemente sí, pero a Cassie no le gusta y yo no tengo intenciones de emborracharme –me echa una mirada. –¿Verdad?

                Asiento firmemente con la cabeza.

                Mis tíos vuelven a compartir otra mirada indescifrable. Finalmente suspiran y regresan su atención a nosotras.

                –Está bien –pronuncia mi tía. Por el rabillo del ojo percibo cómo la sonrisa de Amy se ensancha en sus labios, y me sorprendo al darme cuenta de que yo también estoy sonriendo. –Pero volverán a medianoche.

                –¿Solo dos horas? –se queja su hija.

                –Bien, a la una, pero no más tarde que eso –nos advierte. Ambas asentimos obedientemente y les agradecemos a ambos.

                Luego de la cena, aprovechamos para ducharnos y vestirnos. Mi prima optó por unos jeans negros ajustados y una blusa morada con escote que le sentaba de maravilla. Por mi parte, escogí unos jeans azules de tiro alto algo holgados y una camiseta negra justada de mangas por los codos debajo de una sudadera gruesa azul marino. Para el calzado, ambas elegimos unas clásicas Converse negras muy similares entre sí.

                –¿Vendrán tus amigos? –le pregunto mientras me siento en el borde de su cama y la observo alisarse el cabello.

                –Sí. Les avisé a Alekei, Sarah y Jayla –responde distraídamente, observándose a través del espejo de su habitación. –Ya sabes, los mismos que fuimos el día de San Valentín exceptuando por Ethan y Hannah.

                –¿Qué onda con Alekei? –indago. Recién ahora noté que jamás pudimos hablar sobre ello con más profundidad.

                Una instantánea sonrisa se dibuja en su rostro, iluminando sus ojos castaños. Me resulta algo contagiosa.

                –Pues… no me esperaba para nada que él fuera mi Valentín, pero… tampoco me decepciona, ¿sabes? –una vez que finaliza con el alisado, procede a peinárselo. –Es la primera vez que lo veo de otra forma que no sea mi amigo, y no me disgusta para nada el resultado.

                –¿Son… pareja?

                –No lo sé, la verdad. Todo esto es muy confuso –dice, riendo nerviosamente. –Es muy reciente. Creo que será mejor ver cómo se va desarrollando todo. Por ahora me gusta cómo están yendo las cosas.

                –Eso es lo más importante –señalo. Ella me sonríe a través del espejo.

                –Sí –coincide y deja salir un suspiro. –¿Qué hay de ti? ¿Ya le echaste el ojo a alguien? Ahora tienes amigos muy guapos.

                –Por supuesto que no –espeto demasiado deprisa, y sin embargo siento cómo mis mejillas comienzan a encenderse. Mi prima no deja escapar ese detalle, por supuesto. Una sonrisa traviesa surca su rostro.

                –Vaya, ¿quién será el afortunado? –pregunta distraídamente. –Espero que no sea Elijah. No creo que a Emma le agrade mucho esa idea –agrega entre risas. Yo también río, pero creo que lo hago solo para deshacerme de los extraños nervios que comienzan a revolverme el estómago.

                No tiene por qué alterarme su pregunta. Apenas tuve tiempo para procesar que estas peculiares personas poco a poco se están transformando en algo más que desconocidos para mí. ¿Cómo se supone que ya empiece a fijarme en ellos de otra forma?

                … ¿Verdad?

                –¿Me ayudas con esto? Creo que estoy haciendo un desastre.

                Agradezco mentalmente que haya dejado a un lado esa conversación y me acerco para ayudarla con la maraña de cabello que está intentando recogerse desde atrás.

                Una vez que estábamos completamente listas, ya era hora de irnos, por lo que nos despedimos de los hermanos griegos y de mis tíos, prometiéndoles una vez más que regresaríamos antes de la una de la mañana.

                Todo el trayecto desde el garaje de mi casa hasta el lago Smith nos la pasamos moviéndonos al ritmo de todas las canciones que sonaban en la radio, incluso las que no conocíamos o no sabíamos la letra. No podía explicarlo con palabras, pero era uno de esos momentos en que ambas compartíamos un poco de esta nueva felicidad y no tuvimos otra forma de expresarla más que haciendo el ridículo dentro de mi camioneta.

                Pese a que los pensamientos relacionados con mi padre continuaban en un rincón de mi mente, quería utilizar esta noche como distracción. Me inquietaba un poco todo este asunto de ir a un lugar poco concurrido con más personas desconocidas, pero siento que desde ese día en que Evelyn y yo estuvimos solas en mi habitación ocurrió como una especie de conexión que lo único que me provocaba era querer volver a verla.

                Una vez que llegamos hasta el final de la carretera, aparqué la camioneta en una explanada donde se encontraban los vehículos vacíos probablemente pertenecientes a las personas que también estaban allí. Salimos al frescor de la noche despejada y nos adentramos entre gran cantidad de árboles hasta alcanzar el claro donde se encontraba el lago Smith.

                Incluso antes de ver a las personas, las oímos; no solo las voces y risas, sino también la música que parecía provenir de un parlante y el crepitante fuego de una fogata.

                Al alcanzar la fuente del sonido, nos encontramos con gran cantidad de gente esparcida por el lugar: algunos charlaban alrededor de una prominente fogata; otros bailaban descalzos sobre el húmedo césped; otros se sentaban en rondas en el suelo y bebían de pequeñas botellas que se podían conseguir desde la parte trasera de una camioneta que probablemente le pertenecía a alguno de los presentes, donde gran cantidad de cajas de bebidas se encontraban apiladas.

                El inmenso lago que estaba ubicado al fondo de la explanada se veía solo gracias a la luna plateada que iluminaba tenuemente el agua oscura. Incluso alcancé a visualizar a varias personas zambulléndose. No sabía si estaba o no prohibido, pero debido a las risas y gritos que se oían, parecían estárselo pasando muy bien.

                Intenté buscar con la mirada a Evelyn y a sus colegas. Sabía que se encontraban allí porque de camino aquí habíamos visto con Amy sus motocicletas aparcadas.

                –Hola, preciosa.

                Una voz masculina detrás de nosotras me hizo voltearme de un tirón. En cambio, mi prima sólo sonrió y dejó que la persona le rodeara la cintura desde atrás con sus brazos y le plantara un beso en la mejilla. Finalmente, se volteó y le regaló una ensoñadora sonrisa.

                –Hola, Al.

                Se dan un beso en los labios y aparto la mirada a toda prisa. No me doy cuenta de que estoy retorciendo mis dedos entre sí detrás de mi espalda hasta que siento cuánto me duelen. Mis ojos encuentran a Sarah y Jayla, las amigas de mi prima, y me obligo a saludarlas silenciosamente con un movimiento de mano. Ellas tardan un par de segundos en reaccionar e imitarme con sonrisas inocentes.

                –Hey, Cassidy. ¿Qué hay? –me saluda Alekei con un asentimiento de cabeza. Yo le respondo con un suave hola que no estoy segura de que haya alcanzado a oír. –No esperaba… verte aquí –agrega con cautela, señalando su alrededor.

                –Es cierto. Es la primera vez que te vemos fuera del instituto –coincide Sarah.

                –Exceptuando por el cumpleaños de Amy –aclara Jayla, y su amiga asiente a modo de afirmación.

                Al tener todas las miradas sobre mí no puedo pensar en otra cosa que no sea cuán fuera de lugar me siento. O quizás no se trata de estar en el lugar inadecuado, si no… de las personas inadecuadas.

                Me quedo reflexionando sobre esa frase el suficiente tiempo como para que mi prima opte por intervenir, aclarándose la garganta.

                –Recuerden que gracias a ella conseguimos estar aquí –señala, mirando a sus amigos con cierta advertencia. En estos momentos tengo ganas de abrazarla, pero me contengo.

                –Era sólo una observación, no te enojes –le dice Alekei con una sonrisa divertida al tiempo en que le rodea la cintura con un brazo y la atrae a su lado.

                –¿Conoces a alguien de aquí? –me pregunta Jayla con el ceño fruncido.

                Tomo aire profundamente para prepararme para hablar en voz más alta.

                –De hecho, son los mismos que-

                –Vaya, pero si es el escuadrón Amidy –la exclamación de Evelyn suena lo suficientemente alta como para que todos nos volteemos en su dirección.

                Nunca había estado tan agradecida de verlos como ahora.

                La morena se acercaba a paso seguro y relajado con su clásica chaqueta negra de cuero y pantalones ajustados bordó del mismo material, y sus demás colegas (exceptuando Scarlett) venían detrás de ella con una bebida cada uno, salvo Ezra que llevaba dos botellas.

                –¿Todo bien en el viaje hasta aquí? –nos pregunta cuando nos alcanza.

                El alivio que siento en todo el cuerpo es tan intenso que siento cómo un escalofrío me recorre de pies a cabeza. Lo único que logro hacer es asentir firmemente con la cabeza a modo de respuesta.

                –Por cierto, gracias por la invitación –se apresura a decir Amy, sonriendo amablemente.

                –No hay de qué. Sabía que estarían interesados en venir –responde Evelyn, guiñándoles un ojo de manera cómplice.

                –Pueden hacer lo que quieran excepto causar problemas o contaminar el ambiente –explica Noah, señalando el resto de la fiesta. –Y si quieren beber algo, pueden tomarlo de esa camioneta –agrega, señalando la misma en la que se encontraban cajas y cajas apiladas unas sobre las otras. –Aunque no me lo crean, es gratis.

                –Genial –pronuncia Alekei con una sonrisa divertida. –¿Quieres algo? –pregunta girándose hacia Amy.

                –Podríamos ir a ver qué hay –sugiere y él acepta, llevándola hacia el vehículo. Tanto Sarah como Jayla los siguen por detrás de manera automática, como dos robots.

                Me quedo observando a mi prima y a la mano de Alekei sobre la parte baja de su espalda por demasiado tiempo. Quien me saca de un trance es Evelyn, rodeándome los hombros con un brazo.

                –¿Y? ¿Qué te parece? –me pregunta, señalando nuestro alrededor. Al mismo tiempo le hace un gesto a Ezra para que le pase la bebida extra que llevaba encima, y le da un largo sorbo. No alcancé a ver qué era, pero parecía una botella de cerveza.

                –Nada mal –respondo demasiado bajo. Aun así, ella me oye.

                –¿Nada mal? ¿Eso es todo? –inquiere. –Sígueme.

                Y como su brazo aún continúa sobre mis hombros, no me queda otra opción más que hacerle caso. Ezra, Noah y Elijah nos siguen desde atrás, sumidos en una conversación relajada y divertida.

                –¿Dónde está Scarlett? –se me ocurre preguntar.

                –Es madre, ¿recuerdas? –me dice en un tono burlón. Luego, su expresión se torna algo más seria. –No tiene a nadie que cuide a Harper en su ausencia. Su compañera de piso… no lo haría –sacude la cabeza como si se estuviera despejando la mente. –Es decir, ¿cuidar a una niña pequeña mientras mi amiga se va de fiesta sin mí? No lo creo –agregó entre risas.

                –Buen punto.

                Llegamos hasta la orilla del lago Smith y una brisa refrescante acaricia mi rostro. No puedo evitar llenar mis pulmones con ese aire. Se siente renovador y aliviador. Al menos el aroma a alcohol no es tan intenso aquí.

                –Aquí está mejor, ¿verdad? –asiento en dirección a Evelyn y ambas tomamos asiento sobre una roca de gran tamaño a orillas del lago. Nuestros pies quedan suspendidos en el aire debido a la altura. Por su parte, Ezra y Elijah tomaron asiento en el suelo terroso y recargaron sus amplias espaldas contra la misma roca en la que nosotras nos encontrábamos sentadas.

                –¿Cassidy? ¿Algo para beber? –me pregunta Noah.

                –No, gracias. No me gusta el alcohol –respondo con una sonrisa tímida.

                –¿Agua, entonces?

                –Eso estaría bien. Gracias.

                Asiente con la cabeza, sonriente, y se dirige hacia la camioneta, donde un grupo de personas está reunido conversando ruidosamente.

                –¿Ya habías venido al lago Smith antes? –me pregunta Elijah, elevando la mirada para verme.

                –Alguna que otra vez, pero solo durante el día –digo sin atreverme a mirar hacia abajo. No tengo la confianza suficiente como para que lo que más se note desde esa posición sea mi papada.

                –Nosotros lo preferimos de noche –comenta el castaño.

                –Se ve más pacífico –agrega Evelyn, observando el lago con calma.

                –¿Con la música y las voces de jóvenes de fondo? –inquiero.

                –Con el tiempo aprendes a ignorar algunos sonidos –dice la morena con un encogimiento de hombros.

                Y con esa frase, un cómodo silencio se instala entre nosotros. Por alguna razón que no puedo explicar, sus palabras quedan dando vueltas por mi mente, como si estuvieran intentando encajar en algún lugar pero aún no saben dónde.

                –Agua mineral sin gas para Cassidy –anuncia Noah en cuanto regresa hasta nosotros. Me tiende la pequeña botella y la tomo pronunciando un suave gracias.

                –¿Cómo sabías que no quería con gas? –pregunta de repente Elijah.

                –Tú eres el único raro que bebe agua con gas, El –se defiende el moreno, tomando asiento entre ambos hombres. Elijah intenta propinarle un codazo en el abdomen pero Noah lo bloquea y amenaza con arrojarle el contenido de su botella encima. Mientras tanto, Ezra bufa y se pasa la mano libre por el rostro en un gesto de frustración.

                –Parecen niños de prescolar, ¿verdad? –me pregunta Evelyn por lo bajo para que solo yo la oiga. No puedo evitar reír y asentir con la cabeza.

                –La verdad es que sí –hablo con su mismo tono de voz. –Pero no lo veo como algo malo.

                Voltea para mirarme de frente.

                –¿En serio?

                Asiento. Una amplia sonrisa se dibuja en sus gruesos labios.

                –Bienvenida al club –pronuncia con entusiasmo al tiempo en que choca su botella con la mía. –Cuanto más ridículos, mejor.

                –Cuanto más ridículos, mejor –repito entre risas, y ambas damos un largo sorbo de nuestras respectivas bebidas. El frescor del agua deslizándose por mi garganta eriza mi piel.

                La noche fue transcurriendo y los cinco nos vimos sumergidos en conversaciones aleatorias y algo divertidas, en especial entre ellos cuatro con sus bromas internas y sus formas de sacar de quicio al otro. En verdad me agradaba verlos interactuar entre ellos, sin importarme en lo más mínimo si hablo o no.

                De repente, por el parlante comenzó a sonar una canción que me resultó sumamente conocida, pese a que no podía descifrar ni al cantante ni el nombre de la canción en sí, pero era lo suficientemente reconocida y pegadiza como para que gran cantidad de personas comenzara a moverse al ritmo de la melodía, sin importar dónde se encontraban.              

                –Dios. ¿Hace cuánto no oigo esta canción? –exclama Elijah al tiempo en que una amplia sonrisa se forma en sus labios.

                –No lo sé, pero esta vez no me la voy a perder –dice Evelyn, dejando a un lado su botella y descendiendo de la roca de un salto. No tengo tiempo de procesar nada de lo que está sucediendo porque de repente me toma de la mano y me arrastra con ella, obligando a que deje mi bebida junto a la suya. –Y tú vendrás conmigo –agrega con una sonrisa divertida.

                Esta vez no siento la misma tensión que aquella vez en la Feria de Invierno en el instituto. Por alguna razón, al ser de noche y al haber muy poca luz, no me importa hacer el ridículo junto a ella.

                –Levanta el trasero de ahí, hombre –oigo decir a Noah en dirección a Ezra, quien parece no tener intenciones de hacerle caso, pero aun así el moreno logra separarlo del suelo.

                —Bon Jovi, ¿te suena? –me pregunta Evelyn, elevando la voz por sobre la música. Al parecer, alguien que se encontraba cerca del parlante le había subido el volumen drásticamente, y la gente gritaba aún más.

                –Esta vez sí estoy segura de que la escuché antes –digo, riendo.

                –¿Y la letra?

                –Creo que estás pidiendo demasiado.

                Ella ríe relajadamente y no puedo evitar quedarme mirándola como una imbécil. Mi cerebro no funciona del todo bien mientras mis manos están siendo sujetadas por las suyas.

                –Agudiza el oído y presta atención –me dice al tiempo en que suelta mis manos y comienza a moverse al ritmo de la melodía.

                Y no me queda otra opción más que imitarla.

                Mentira. Técnicamente podría regresar a la roca y dejarla bailando allí, pero por alguna razón eso suena como una locura. Solo por esta vez, decido dejarme llevar por la adrenalina y la seguridad que me transmite esta canción.

                Cuando le echo un vistazo a la morena, pese a la oscuridad que nos rodea percibo sus labios pronunciando la letra con pasión e intensidad, de igual forma que aquella tarde en que cantó para mí una de las canciones de Lukas Graham. No puedo evitar sonreír ante el recuerdo, y me dejo llevar por la música que se cuela por mis oídos con estruendosas vibraciones.

It´s my life

It´s now or never

But I ain´t gonna live forever

I just want to live while I´m alive

(It´s my life)

My heart is like an open highway

Like Frankie said, “I did it my way”

I just want to live while I´m alive

It´s my life

                El estribillo era cantado por cada uno de los presentes en una especie de himno nacional. Era increíble la capacidad que tenía una canción para provocar que todo el mundo sintiera la necesidad de gritarlo como si quisiera que todos lo supieran. Y era una energía demasiado contagiosa, la verdad. Sentía mi garganta arder a medida que dejaba salir las palabras, pero al mismo tiempo resultaba ser un alivio.

                En una parte dada se oye un solo de instrumentos. Evelyn se acerca a mí con la expresión más feliz que jamás hubiera visto y me vuelve a tomar ambas manos para girar juntas, dando saltos a lo largo de toda la orilla del lago. Ni siquiera me importó mojarme las pantorrillas. El brillo resplandeciente de sus ojos me hipnotizaba completamente.

                Luego, la melodía se desaceleró un poco para dar paso a la voz del cantante, por lo que la morena hizo que nos detuviéramos y poco a poco fue acortando la distancia que nos separaba.

                Con el corazón acelerado por la adrenalina, la agitación y los nervios que toda esta situación me estaba generando, me la quedo mirando probablemente como una imbécil mientras murmura la letra cerca de mi rostro en un tono grave y melódico que me envía un escalofrío a lo largo de la columna.

Better stand tall when they´re calling you out

Don´t bend, don´t break, baby, don´t back down

                Y el estribillo vuelve a sonar, haciendo que nuestro alrededor se llene de gritos de adrenalina y emoción. Evelyn regresa a su actitud alocada y salvaje, saltando y bailando por todo el alrededor mientras que yo tardo un par de segundos en regresar a tierra.   

                ¿Qué acaba de pasar?

                Finalmente, la canción acaba y todo el mundo aplaude y ovaciona a quien sea que haya decidido reproducirla.

                –¡Eso ha estado increíble! –exclama la morena en un tono demasiado fuerte mientras apoya las manos en sus rodillas para recuperar el aire. Su cabello es un revoltijo de mechones, pero aun así no le sienta mal. ¿Cómo? No estoy para nada segura.

                –Esa canción tiene un efecto instantáneo en la gente –dice Elijah a mi lado. Todos lucían expresiones de alegría y éxtasis.

                –Hasta logró que Ezra bailara –añadió Noah con simulado asombro.

                El pelirrojo se arremangó las mangas de su camisa oscura al tiempo en que le echaba una mirada aburrida a su amigos. Sin embargo, pese a que ninguna sonrisa se asomaba a sus labios, sus ojos azules brillaban con el mismo ánimo que cargaba el resto.

                –Algún día deberíamos hacer un cover de esta canción –sugirió Evelyn a sus colegas mientras descendía el cierre de su chaqueta pero sin quitársela. Se alcanzaba a ver que por debajo llevaba una camiseta negra ceñida al torso con escote y que el largo no alcanzaba a cubrir su abdomen.

                Ante esa imagen frente a mí siento cómo mis mejillas comienzan a arder y me obligo a apartar la vista. De repente se me hace muy difícil mirarla sin bajar la mirada, hecho que me desconcierta porque rara vez pierdo el control de la situación.

                Comienzan a hablar acerca de acordes y tonos y temas musicales que mi cerebro no alcanza a comprender, por lo que opto por centrarme en recuperar mi propio aliento. Me sentía tan confundida por todo lo que estaba pasando, porque me estaba gustando todo lo que estaba pasando.

                –Necesito beber algo –anuncia Evelyn finalmente, haciéndome una seña para que la siga de regreso a la roca en donde habíamos dejado nuestras botellas.

                –Yo iré a buscar algo de comer. Espero que estos simios se hayan acordado de traer algo comestible –murmura Elijah al tiempo en que se encamina hacia la camioneta repleta de cajas. Ezra lo sigue silenciosamente.

                –¿Y tú qué? –le pregunta Evelyn a un Noah con la mirada perdida en el vacío.

                Sin embargo, noto algo en su expresión que me provoca mirar en la misma dirección que él. Efectivamente, un muchacho de unos veintipocos años se encontraba recargado contra el tronco de un árbol, bebiendo de una botella al tiempo en que le echaba miradas para nada discretas al moreno.

                –Las veo después –nos dice Noah con una sonrisa inocente sin siquiera mirarnos, y comienza a avanzar hasta allí.           

                –El depredador encontró a su presa –bromea Evelyn con un tono travieso mientras regresamos a la roca de antes.

                –¿Él es…?

                –…pansexual –ella completa la frase. –Ya sabes, que se siente atraído a una persona independientemente de su sexo o identidad de género –agrega con un encogimiento de hombros al tiempo en que tomamos asiento sobre la roca pero esta vez de frente al lago, dándole la espalda al resto de la fiesta.

                Habían tantos términos dentro de la comunidad LGBTQ+ de los que no tenía idea. Por supuesto que estaba de acuerdo; jamás lo consideré como algo socialmente malo. De hecho, me alegraba que las personas que formaban parte de la misma pudieran sentirse identificados con ciertos aspectos. Aun así, jamás indagué en el tema porque nunca tuve una razón para hacerlo, pero no podía negar que ahora me daba algo de curiosidad saber un poco más acerca de cada definición. Si Evelyn no me hubiera explicado de lleno lo que era la pansexualidad, probablemente me la hubiera quedado mirando como una estúpida porque no tenía idea de lo que me estaba hablando.

                –Se ve… cómodo –no sé por qué dije eso, pero ya no había vuelta atrás.

                –Es lo que tiene la ventaja de aceptar la orientación sexual de uno mismo –pronuncia ella con una leve sonrisa en sus labios. Su mirada está perdida en la oscuridad del lago frente a nosotras. –Él se pondría muy feliz si te oyera decir eso.

                –¿Por qué? –no puedo evitar preguntar.

                –Porque le costó años alcanzar esa comodidad.

                Un largo silencio se instala entre nosotras mientras bebemos de nuestras botellas y movemos las piernas que cuelgan del borde de la roca en la que nos encontramos sentadas.

                Me quedo reflexionando acerca de sus palabras. Por poco había olvidado que hay muchísimos casos en los que las personas que forman parte de esa comunidad a veces deben mantenerlo oculto por mucho tiempo por miedo a las reacciones del resto o simplemente porque saben que los demás no se lo tomarán nada bien. Debe ser horrendo. De tan solo pensarlo siento un sabor amargo en la boca. Injusto.

                –¿Puedo hacerte una pregunta? –la morena rompe el silencio sin despegar la vista del lago y de los árboles que se encuentran en la orilla opuesta a varios kilómetros de distancia.

                –Claro.

                –¿Qué tiene que ver tu madre con tu cabello?

                No sé si es porque aún sigo algo aturdida por la canción que bailamos o qué, pero parpadeo varias veces para espabilarme.

                –¿Qué?

                –La noche en aquél bar subterráneo, Scarlett te soltó el cabello y lucías algo incómoda. Incluso te lo volviste a recoger en cuanto tuviste la oportunidad –no sé cómo tomarme el hecho de cuánta atención me prestó en ese entonces. –Cuando hablamos por mensaje, me dijiste que yo tenía razón con respecto a que hay mucho más que la simple mudanza de tu madre a Chicago. ¿A qué te referías con eso?

                Juego con la botella en mi mano mientras elijo las palabras correctas… si es que las había, claro.

                –Ella siempre… repetía constantemente cuánto le gustaba mi cabello –explico con la mirada baja. –Decía que lo mejor que podía hacer era dejarlo crecer para “hacerlo notar” –agrego, haciendo comillas en el aire.

                –Déjame decirte que con el rodete no se aprecia demasiado.

                No puedo evitar reír amargamente.

                –Lo sé, por eso lo hago –admito, mordiéndome el labio inferior. –Cada vez que me veo con el cabello suelto, no puedo evitar recordarla a ella, y llega un punto en el que ya no puedo soportarlo.

                Por el rabillo del ojo noto cómo la morena me observa detenidamente, haciendo que los dedos de mis pies se curven dentro de mis zapatillas.

                –¿Y por qué no lo…cortas? –pregunta con cautela.

                –Porque… –tomo aire profundamente. Es imposible no pensar en lo estúpida que me debo de estar viendo. Esto es mucho más difícil de lo que creí. –Porque creo que una parte de mí siempre va a querer obtener su aprobación.

                Por unos largos segundos Evelyn no dice nada, y eso es suficiente para hacerme arrepentir de haber dicho esas palabras en voz alta. Dejo la botella a mi lado y me llevo ambas manos al rostro para cubrirlo.

                –Lo sé, es demasiado estúpido.

                –No, no lo es –al decirlo, toma mis muñecas con delicadeza y aparta mis manos. Me encuentro con sus resplandecientes ojos miel y solo por un segundo olvido por completo dónde estamos. –Creo que es bastante normal que una hija busque la aprobación de su madre –reconoce con una ceja enarcada, la misma que llevaba cortada. –Aun así, creo que deberías tomar tus propias decisiones. Es decir, no te noté para nada cómoda con todo ese cabello suelto –resalta. Mis mejillas se sonrojan y desvío la mirada. Sin embargo, sus manos aún no sueltan mis muñecas. –Es tu imagen. Puedes hacer lo que quieras con ella. Quizás cortarte el cabello sea el paso que necesitas dar para despegarte un poco de ese sentimiento que te provoca tu madre.

                Lo pienso por un momento, pero los recuerdos se sienten demasiado pesados en mi mente.

                –No creo que pueda hacerlo –murmuro.

                –Si quieres, yo puedo acompañarte –sugiere. –Scarlett es peluquera. A ella le encantaría tenerte como clienta. Y yo puedo estar ahí para evitar que te acobardes –lo último lo pronunció con un tono juguetón y un guiño de ojo cómplice.

                –No sé si es una buena idea –digo entre risas nerviosas.

                –Solo piénsalo. Yo puedo esperar –dice con un encogimiento de hombros al tiempo en que libera mis manos y regresa a su botella, dándole un largo sorbo.

                Yo la imito y dejo que el frescor enfríe mis mejillas que por alguna razón no dejan de incendiarse cada dos por tres.

                –He hablado mucho de mí y de mi familia disfuncional –pronuncio con lentitud las últimas dos palabras, como si las estuviera saboreando. –¿Qué hay de ti?

                –¿Yo? –inquiere con una sonrisa agridulce. –Bueno… –comienza diciendo, pensando con cautela sus siguientes palabras: –Mi madre perdió la vida en un accidente automovilístico hace casi seis años, y desde ese momento mi vida se convirtió en una gran mierda –expresa, extendiendo los brazos con desgano.

                La mención de un accidente automovilístico eriza mi piel y mi mente amenaza con regresarme al pasado, a un veinte de septiembre de 2014… Sacudo la cabeza para despejarme.

                –Eso apesta –murmuro. –¿Y tú y Emma tienen a alguien más? –la morena niega con la cabeza y le da otro sorbo a su botella. –¿Ningún padre, ningún tío…?

                Ríe con amargura.

                –No, nada de eso.

                –Entonces… ¿con quién viven? –me atrevo a preguntar.

                –Con el hombre que nos engendró.

                Proceso sus palabras por unos segundos.

                –O sea… ¿con su pa-?

                –No –me interrumpe bruscamente. –Él no es nuestro padre. Es solo un imbécil que cometió el error de dejar a nuestra madre embarazada dos veces y que aún continúa poseyendo la custodia de Emma. Nada más que eso.

                Por la frialdad en sus palabras y la manera en que su mandíbula se tensa, me quedó claro que no debía hablar más del tema.

                –Lo siento –pronuncio con timidez mientras me retuerzo las manos sobre mi regazo. A mi lado, Evelyn suelta un pesado suspiro.

                –No, perdóname a mí –dice, y su voz suena algo abatida. –Es un tema difícil –hace una pausa y luego agrega con más seguridad: –Pero todo cambiará cuando Emma cumpla dieciocho –me la quedo mirando con expresión confundida, y ella parece leer la pregunta silenciosa en mi rostro ya que aclara: –Será mayor de edad y podré llevármela de allí sin que él intervenga.

                –Vaya, eso no se oye nada agradable.

                Evelyn ríe y acerca su botella a la mía.

                –Algún día seremos felices, Cassidy.

                Titubeando un poco, choco su botella, provocando un agudo tintineo.

                –Algún día –repito en voz baja antes de darle un largo sorbo a la bebida.

                Pasamos varios minutos conversando amenamente y riendo de estupideces que salían de los labios de Evelyn hasta que en un punto preguntó, luego de un largo silencio cómodo:

                –¿Tienes calor?

                La espontaneidad con la que lo preguntó me causó gracia.

                Había tenido calor, incluso había estado comenzando a sudar, luego de todo ese baile y adrenalina expulsada; pero con el paso del tiempo la brisa invernal me había enfriado lo suficiente como para sentirme a gusto.

                –No, la verdad.

                –¿En serio? ¿Ni siquiera luego de todo lo que bailamos? –su voz y su expresión delataban que poco a poco el alcohol le estaba empezando a hacer efecto.

                –Solo fue una canción –le recuerdo entre risas.

                –Pero fue la canción –exclama, haciendo énfasis en la anteúltima palabra. –Vamos, estoy segura de que tú también tienes calor –agrega, empujándome ligeramente un hombro con el suyo.

                –Si tienes calor, puedes quitarte la chaqueta o ir a buscar una botella de agua fresca –señalo con una ceja enarcada.

                Hubo un cambio apenas notorio en el brillo de sus ojos que me hizo dudar con respecto a lo que acabo de decir.

                –¿Ya quieres deshacerte de mi ropa? No sabía que podías ser tan rápida, Chica Disculpas –el tono juguetón en su voz envió un escalofrío por todo mi cuerpo; y una vez más, mis mejillas se incendiaron. Me apresuré a desviar la mirada como si me quemara verla. –Ahora sí tienes calor, ¿verdad? –siguió tonteando, volviendo a empujar mi hombro con suavidad. Todas las extremidades de mi cuerpo estaban rígidas. –Se me ocurre una manera divertida de refrescarnos.

                Ni siquiera alcancé a preguntarle de qué estaba hablando. Teniendo el lago frente a nosotras, debería haberlo imaginado, haber reaccionado antes de que ella se moviera a toda prisa y me empujara desde la espalda en dirección al agua helada.

                El frío me golpeo con toda su fuerza. Esta parte no era profunda, pero mi primer instinto fue flexionar las piernas, por lo que todo mi cuerpo se sumergió en el agua oscura. Si grité o chillé o me quejé, no tengo idea. Eso tampoco llegué a procesarlo.

                Cuando salí a la superficie, lo hice a tiempo para que la zambullida de Evelyn volviera a empaparme. Aparto el agua de mis ojos con manos temblorosas y la veo ponerse de pie hasta que el agua le llega por debajo del pecho. Se llevó todo el cabello hacia atrás con ambas manos y se encontró con mi mirada. Una amplia sonrisa iluminaba todo su rostro incluso en la oscuridad que nos rodeaba, exceptuando por la luz plateada de la luna sobre nosotras.

                –¿Ves? Ahora estamos más frescas –dice, extendiendo los brazos. Sus manos temblaban un poco, pero no parecía querer salir del lago tan desesperadamente como yo.

                –Pero yo no tenía calor –siseo entre dientes, rodeando mi propio cuerpo con mis brazos.

                –Tus mejillas sonrojadas decían lo contrario –señala con tono divertido.

                Resoplo y comienzo a avanzar hacia la cercana orilla a paso lento y tambaleante. Salir de allí es el único objetivo que mi mente logra fijar por dos razones: primero, porque el frío está calando hasta mis huesos; y segundo, porque toda esta situación con Evelyn se está volviendo extraña y nueva y me desespera no poder entender qué rayos me está pasando, por qué cada palabra y cada mirada que me dedica eriza toda mi piel.

                –Oh, vamos, tampoco hace tanto frío –se queja con un bufido. Yo ni siquiera volteo a verla. Mis dientes castañean sin parar.

                Mi corazón ya de por sí acelerado se acelera aún más en cuanto oigo los pasos apresurados de la morena sobre el agua.

                Detrás de mí.

                Me muevo demasiado lento para zafar de su agarre por mis hombros.

                –No seas aguafiestas –exclama, haciéndome voltear completamente. Teniéndola tan cerca de mí, tengo que elevar un poco el mentón para verla a los ojos. –Hay que vivir un poco.

                –¿Y vivir implica congelarse en un lago? –inquiero mientras hago un gran esfuerzo por no perder el equilibrio mientras Evelyn me arrastra (aún dentro del agua) hasta la roca en la que estábamos sentadas. Esta vez nos encontramos en la parte de abajo, donde el agua llega hasta nuestras rodillas, por lo que el gran tamaño de la roca nos otorga un muro que nos aísla del resto de la fiesta.

                –Hay que experimentarlo todo, Cassidy –murmura cerca de mi rostro al mismo tiempo en que mi espalda choca contra la pared rocosa. La respiración se atora en mi garganta cuando una de las manos de Evelyn se apoya en el muro a un lado de mi cabeza para sostenerse mientras que con la otra aparta los mechones húmedos que escaparon de mi rodete y se pegan a mi rostro. –Hay que vivir mientras estemos vivos –susurra con una sonrisa traviesa, y puedo jurar que mis dientes ya no castañean.

                Sus palabras hacen eco en mi mente y una pequeña e incontrolable sonrisa se escapa de mis labios.

                –¿Estás citando la letra de la canción de Bon Jovi?

                Evelyn ríe abiertamente, y ese sonido me aísla de todo lo que pudiera estar ocurriendo a mi alrededor.

                Ahora, solo somos ella y yo, y ese pensamiento me reconforta y me transmite cierta intimidad, como si nadie pudiera juzgarme, juzgarnos, por lo que sea que pase.

                –Quizás –dice junto a un inocente encogimiento de hombros. A esta distancia, puedo distinguir el aroma de su aliento, y pese a que alcanzo a oler la cerveza y sus actitudes son algo sueltas y tambaleantes, teniendo sus ojos tan cerca me doy cuenta de que no está tan borracha como lo está demostrando.

                ¿Acaso… acaso está fingiendo?

                –Me encanta tu cabello –comenta distraídamente mientras aparta cada mechón con suma delicadeza, rozando mis mejillas con las puntas de sus dedos.

                En estos momentos estoy experimentando tantas cosas nuevas que ni siquiera puedo ponerlas en palabras. Y ni una palabra sale de mis labios. Apenas estoy pudiendo respirar.

                –Pero si quieres cortarlo, –agrega en un tono más bajo. –aun así te apoyaré –cuando mi rostro queda completamente despejado, pasa un pulgar por mi barbilla, y los dedos de mis pies se curvan ante esa suave caricia.

                –¿Por qué? –es lo único que logro pronunciar. Mi voz suena medio ahogada, medio hipnotizada. Pero por primera vez, no me importa. No creo que algo me importe en estos momentos.

                Pasan varios segundos en los que me observa con atención a los ojos, como si estuviera buscando algo.

                Y en vez de responderme con palabras, sonríe con malicia y acerca su rostro aún más al mío.

                Todo sucede tan rápido que mi ahora atrofiado cerebro no puede procesarlo. Cierro los ojos como si se tratara de una reacción automática, con el corazón demasiado acelerado y un temblor en todo el cuerpo que estoy casi segura de que no se debe al frío.

                Siento su cálido aliento rozando mis labios, mi mejilla, y por último… mi cuello.

                Deja la sombra de un beso allí, y ese simple roce me estremece. Mi respiración se detiene y cierro los ojos con aún más fuerza.

                El siguiente beso es apenas un poco más largo, lo suficiente como para que se sienta húmedo contra mi piel helada, y noto cómo sus labios se curvan en una sonrisa.

                Un suspiro entrecortado se escapa de mi nariz. Evelyn lo repite, por lo que todo mi cuello siente su cálido aliento.

                Las palmas de mis manos se encontraban a ambos lados de mi cuerpo y estaban apoyadas sobre el muro detrás de mí, ahora apretadas con más intensidad por mi propia fuerza. Lo próximo que haría sería clavar mis uñas casi inexistentes.

                No sé qué rayos estaba pasando, pero me estaba volviendo loca de una manera completamente nueva y diferente.

                El siguiente beso lo depositó un poco más arriba que el anterior, y esta vez alcancé a percibir el sutil roce de su lengua y dientes. Mis piernas se sentían como gelatina, en especial cuando su mano libre se posó sobre mi cintura, acercándome un poco más a ella.

                Tragué grueso y por nada en el mundo abrí los ojos. No quería regresar a la realidad, como si abrirlos implicara que esto se acabara, que volviera a mis actitudes distantes y cautelosas, desconfiando de cada persona que se me cruza.

                En este momento me sentía diferente, y quería seguir sintiéndome así.

                Pero no importaba cuánto lo deseara, la realidad volvió en forma de una voz masculina firme y cargada de advertencia:

                –Dame ese teléfono.

                Sonaba como si se encontrara a un lado de la roca, a varios metros de nosotras. Sentí tanto mi cuerpo como el de Evelyn tensarse. La morena no se separó de mí, pero sí levanto el rostro en dirección a la voz familiar.

                –Dame ese puto teléfono ahora mismo.

                Abrí los ojos y tardé varios segundos en adaptarme a la oscuridad que nos rodeaba. Alcancé a distinguir cuatro figuras altas y fornidas en la orilla del lago a unos metros a mi izquierda. Estaba claro que la voz le pertenecía a Ezra, y cuando logré enfocar la vista, lo visualicé a él y a sus dos amigos enfrentando a un desconocido que no podía tener más de veinte años.

                –Oye, ¿qué te pasa? –espetó el joven, señalándolo desafiantemente con el mentón.

                –Si no me das el teléfono ahora, habrá problemas –el frío que cargaba la voz del pelirrojo me provocaba escalofríos.

                –No sé de qué rayos estás hablando –pronunció el desconocido, guardando su teléfono en el bolsillo trasero de sus jeans azules. Noah intentó quitárselo, pero el joven lo esquivó retrocediendo un par de pasos. –Es mío. No tienen ningún derecho a quitármelo.

                Para ese entonces, Evelyn se había separado por completo de mí. Intenté ignorar el profundo vacío que dejó y caminé tras ella, en dirección a los demás.

                –Y tú no tienes ningún derecho a hacer lo que acabas de hacer –siseó Ezra entre dientes.

                –¿Qué sucede? –preguntó Evelyn en cuanto los alcanzamos.

                Mi cerebro pareció recordar que todo mi cuerpo estaba completamente empapado, por lo que tuve que rodearme con mis propios brazos en un vano intento por darme calor. Mis dientes comenzaron a volver a castañear.

                –Este imbécil tiene guardado un video de ambas –Elijah es el que responde, señalándonos a la morena y a mí con el mentón.

                Tardo un minuto entero en atar cabos y comprender lo que estaba sucediendo. En cuanto lo hice, la respiración se atoró en mi garganta y di un paso atrás, como si me hubieran golpeado.

                –Tienes que estar bromeando… –murmuró Evelyn en dirección al desconocido. Lo único que se veía en sus ojos en este momento era desprecio; puro desprecio.

                –No tiene idea de lo que dice –le dice a Evelyn con irritación. –Ni siquiera tienen pruebas.

                –Enséñanos tu galería, entonces –contraataca Ezra.

                –Váyanse al infierno.

                Los movimientos del pelirrojo fueron tan apresurados y ágiles que no me dieron tiempo a procesarlos. Aun así, antes de que su puño se estrellara contra la mandíbula del desconocido, la morena se interpuso y le hizo un gesto firme para que se detuviera. Ezra bufó y retrocedió un paso para darle lugar a ella, pese a que sus ojos en llamas seguían fijos en el joven.

                –¿Así que nos estabas grabando? –inquiere Evelyn en dirección a él.

                –Ya te dije que-

                –Eres un pervertido –la calma con la que lo pronuncia es verdaderamente admirable. –Lamento que no tengas a nadie para complacerte y que lo tengas que hacer tú solo con tu propia mano mientras observas cómo otros sí lo hacen –el joven se quedó petrificado en el lugar.

                Por unos momentos dejé de escuchar sus voces. Mi cabeza comenzó a dar vueltas y el frío que sentía comenzó a mezclarse con la falta de aire.

                –No tienes ni una idea de lo que dices, zorra –siseó el joven.

                –Pero te gustan las zorras, ¿no es así? Después de todo, acabas de grabar a una.

                Él le dijo algo más, pero nuevamente mi mente se desconectó del entorno. Llevé una mano a mi pecho agitado en un intento por ordenarle a mis pulmones que dejaran entrar más aire, que no era suficiente, pero…

                La desesperación comenzó a apoderarse de mis sentidos.

                Abrí la boca para inhalar con más profundidad, pero ni siquiera eso era suficiente para deshacer esa sensación de encierro, de claustrofobia, de… ahogo.

                No sé qué fue lo que hice, si me tropecé con algo mientras retrocedía o si simplemente me dejé caer, pero de repente estaba sentada en el suelo, desesperada porque mis pulmones recibieran el aire que necesitaban.

                Pero no podía.

                El sonido de un golpe seco me regresó a la realidad. Alcancé a ver a Evelyn despegar el puño fuertemente cerrado de la mandíbula ahora colorada del joven, quien la miraba completamente atónito. Ella estaba gritándole algo con una furia aterradora, haciendo que mi pecho se cerrara más y más y más y más…

                El primero en encontrarse con mi mirada suplicante fue Elijah. Apenas pude percibir cómo su rostro se inundó de preocupación al tiempo en que tomaba a la morena de un brazo y le decía algo mientras me señalaba.

                Y luego esos resplandecientes ojos miel, solo que esta vez brillaban con una gran cantidad de sentimientos negativos.

                Hasta que me vio y todos sus músculos se aflojaron.

                Se olvidó por completo de la existencia del joven y corrió hacia mí hasta caer de rodillas.

                –Hey, hey, está bien, ya pasó –sus palabras sonaban apresuradas y agitadas mientras volvía a apartar todos los mechones que se habían pegado a mi húmedo y sudado rostro.

                Intenté con todas mis fuerzas decirle que no podía respirar, que no podía-

                –Estoy aquí, ¿sí? Ambas estamos aquí y estamos bien –esta vez tomó un tono más suave y bajo, llevando una de mis manos a su pecho y otra al mío. –Saldrás de esta como has salido de las demás –me aseguró con una media sonrisa. –Y yo estaré aquí para asegurarme de eso.

                Comenzó a inhalar y a exhalar a ritmos lentos y pausados, y mientras sus últimas palabras resonaban en mi mente como una dulce melodía, poco a poco empecé a imitarla, ignorando mi vista borrosa por las lágrimas que no me había dado cuenta de que estaba derramando.

                Perdí la noción del tiempo, pero una vez que pude respirar con normalidad, me derrumbé. De repente mi cuerpo se sintió demasiado cansado como para sostenerlo, por lo que me incliné hacia Evelyn y ella me recibió con los brazos abiertos, atrayéndome a la calidez de su cuerpo.

                –Noah –oigo que llama. Ni siquiera me molesto en abrir los ojos. Sé que estamos rodeadas de personas desconocidas y curiosas. No puedo soportar esa vista, no ahora. –Trae dos malditas toallas.

                –¿Y de dónde se supone que las saque? –inquiere el moreno más cerca de lo que creí que se encontraba.

                –No me importa. Tráelas –la firmeza en la voz de Evelyn me provocó un estremecimiento.

                Aunque, ahora que mencionaba lo de las toallas, me di cuenta de que tanto ella como yo estábamos temblando de frío… y de toda la adrenalina gracias a todo lo que había pasado.

                En menos de tres minutos sentí cómo alguien que no era Evelyn me envolvía con una suave y caliente toalla. Me ayudó a ponerme de pie y solo en ese momento me permití volver a abrir los ojos.

                Efectivamente, gran cantidad de personas nos estaba observando y murmurando entre ellos. Sin embargo, no pude prestarles demasiada atención ya que Elijah sostuvo mis hombros y me volteó frente a él para mirarlo a los ojos, obligándome a levantar el mentón.

                –Vayamos a tu camioneta, ¿está bien?

                No soy capaz de hablar, por lo que solo asiento con la cabeza y me acurruco aún más bajo la toalla. Él me hace una seña y ambos comenzamos a caminar en dirección al lugar donde aparqué mi vehículo. Las miradas de todos los presentes se sentían como láseres sobre mi cuerpo.

                Detrás de nosotros iban Evelyn (también envuelta en una toalla), Ezra y Noah, y solo lo supe porque oí sus voces.

                –Es un maldito imbécil –venía murmurando Ezra. –Si lo vuelvo a ver, juro que-

                –Lo que importa es que ya no tiene ese video –lo interrumpió Evelyn. –Ya déjalo ir.

                –¿Cómo es que estás tan tranquila? Fue a ti a la que te grabó –pronunció el pelirrojo con fastidio.

                –Tengo cosas más importantes de las que preocuparme, Ezra –el tono de advertencia de la morena indicaba que no hablaría más sobre el tema. Para mi sorpresa, ninguno de los tres pronunció palabra alguna.

                –Iré a hablar con Jared. Fue él quien lo invitó –anunció Noah.

                –Dile que se consiga mejores amigos –dijo Elijah a mi lado con amargo sarcasmo.

                Oí pasos alejarse, por lo que supuse que Noah ya se había ido.

                –Hey, ¿estás mejor? –me preguntó Evelyn, avanzando hasta quedar caminando a mi lado.

                Asiento pesadamente con la cabeza.

                –Lamento que hayas tenido que pasar por eso.

                Quiero decirle que no se disculpe, que ella no tiene la culpa, pero estoy demasiado cansada, como si ahora mi cuerpo estuviera pasándome factura por todo el cansancio acumulado a lo largo de las semanas por todas las cosas que me sucedieron.

                Llegamos hasta mi camioneta al tiempo en que oí a varias personas corriendo hacia nosotros. Me volteé y me encontré con Amy, quien no lo dudó un instante y se abalanzó sobre mí para rodearme con sus brazos y apretarme con fuerza.

                –¿Qué pasó? ¿Estás bien? –preguntó apresuradamente una vez que nos separamos.

                –Será mejor que regresen a casa –advirtió Elijah, cruzándose de brazos. –¿Quién conduce además de Cassidy? Ella no está en condiciones de hacerlo.

                Le agradecí al castaño con la mirada. La verdad es que no, no me sentía con la suficiente confianza como para conducir. Probablemente estrellaría la camioneta en el primer árbol con el que me cruzara.

                –Yo aún no tengo el carnet de conducir –dijo Amy algo avergonzada.

                –Yo puedo llevarlas –se ofreció Alekei, quien se había acercado junto a Sarah y a Jayla.

                Miré la camioneta. Mi padre me asesinaría si dejaba su vehículo aquí durante toda la noche.

                Pero, claro, él no estaba. Y ni siquiera sabía si…

                Me entraron náuseas y aparté el amargo pensamiento de mi mente con una sacudida de cabeza.

                –Mañana podremos venir a buscarla a primera hora –dice Evelyn en mi dirección, señalando con el mentón el vehículo. Otra vez vuelvo a asentir. Lo único que deseaba era llegar a casa. Aún podía sentir los ojos de las demás personas sobre nosotros.

                –Bien, está decidido –sentenció Elijah con un largo suspiro. –Será mejor que ya se vayan –dijo particularmente a Alekei. Éste asintió y nos hizo una seña a Amy, sus amigas y a mí para que nos montemos en su vehículo.

                Antes de poder llegar hasta el mismo, siento que alguien toma mi mano. Me volteo para encontrarme con Evelyn, quien aún continuaba envuelta en su toalla, al igual que yo.

                –¿Hablamos luego?

                Algo como súplica inundaba sus ojos. Asentí.

                –Descansa –fue lo último que me dijo antes de voltearse hacia sus amigos y comenzar a alejarse.

                Solté un entrecortado y largo suspiro y me adentré en la extraña calidez de la camioneta de Alekei.

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