Capitulo 2: De Vuelta al Ayer
Cuando tenía tan solo 10 años y asistía a la primaria. Me consideraba una persona excepcionalmente inteligente. Siempre resolvía los problemas con facilidad; mi capacidad de análisis era admirable, y los profesores lo elogiaban constantemente. Era alguien a quien admirar, un referente para muchos.
Sin embargo, un día llegaron los “Jr. Pandilleros”, aunque si me lo preguntas valla nombre, en fin, los niños que se hacían pasar por pandilleros y se dedicaban a atormentar a los más débiles. Sus víctimas eran aquellos que carecían de amigos o no destacaban en absolutamente nada. Recordaba con claridad cómo estos jóvenes matones se burlaban de quienes no podían defenderse.
Recuerdo estar ese día en el salón de la escuela cuando una joven de cabello rubio sedoso y una sonrisa angelical se acercó a mí. Era Estefanía, la chica más hermosa de la escuela, una verdadera celebridad entre los diferentes grupos. Aunque me interesaba mucho entablar una amistad con ella, era consciente de lo importante que era tener conexiones en aquel entorno, especialmente considerando la posición de su padre en los barrios bajos.
Preguntarán por qué a esa edad ya estaba analizando los pros y los contras de la popularidad, pero no tenía otro poder en mis manos. Ser amado por todos y ser amigable con todos ayudaba a mantenerme seguro en esta sociedad. Lo había comprendido desde muy joven.
Mientras conversaba con Estefanía y sus amigas, un gran estruendo interrumpió la charla. Venía de una escena que conocía demasiado bien. Era Jorge, un estudiante de la escuela, quien estaba siendo víctima de los brabucones. Estos tres individuos eran temidos no solo por su destreza en la violencia física, sino también por su astucia en el abuso psicológico.
Kevin, el líder de esta escuela o se podría decir un intermediario para los escalones mayores de Jr. Pandilleros, se burlaba cruelmente de Jorge, quien estaba indefenso ante sus agresiones. Los brabucones utilizaban a estudiantes como Jorge como escalones para elevarse en la jerarquía social de la escuela.
—Vamos, Jorguito, ¿no puedes evitar que mi mano se pose en tu nuca? ¿De verdad te gusta restregarte la cara contra la mesa? Mira esos ojos… — se mofaba Kevin mientras levantaba la cabeza de Jorge con un movimiento de muñeca.
—Eh, ¿estás llorando, Jorge? —, preguntó uno de los secuaces de Kevin, mientras los otros dos se reían.
Se burlaban sin compasión, aunque solo eran tres, eran expertos en el arte del abuso. No solo se limitaban a pelear físicamente; también sabían cómo atacar psicológicamente a sus víctimas. Nicolás recordaba un día en particular en el que un niño que practicaba karate se enfrentó a ellos, y todo lo que había quedado en su memoria eran los gritos de auxilio del niño mientras el resto miraba con una mezcla de simpatía, vergüenza y arrogancia.
Pero el que más terror infundía era Kevin. Era un auténtico monstruo, capaz de ser tan cruel y engañoso como nadie de su edad. No solo era experto en la violencia física, sino que su liderazgo le había permitido ganarse el respeto y la sumisión de muchos otros niños de la escuela. Vivía su vida como si fuera un rey en aquel oscuro reino.
—¡AH, AH, AH! ¿De verdad estás llorando, Jorge? —, se burló Kevin una vez más. Luego, propuso un juego cruel: —Dale, Jorge, vamos a jugar un juego. ¿Qué te parece? Por cada patada que aguantes con nosotros, un día menos de molestias. ¿Qué dicen, chicos? —
Los secuaces de Kevin aceptaron de inmediato. — ¡Por supuesto! —, respondieron.
Kevin parecía disfrutar de la situación y un subordinado de él alentándolo -Me agrada. Quiero ver cómo lanzas tus patadas, jefe-
Jorge, visiblemente asustado y nervioso, comenzó a considerar la propuesta. Pero antes de que pudiera decidirse, Kevin lo derribó violentamente, haciendo que se golpeara con las patas de hierro de una silla. Jorge emitió un quejido de dolor mientras tomaba aire para prepararse. Luego, lanzó su primera patada.
— ¡Así es como se hace, presten atención! —, exclamó Kevin con crueldad.
El sonido de la pierna de Jorge impactando en el torso resonó como un bate de béisbol golpeando una pelota, aunque en este caso, Jorge era la pelota y su pierna era el bate. El pobre chico emitió un gemido de agonía mientras el golpe hacía su efecto.
La tos y los ojos llorosos hacían que se mirara lamentable, pero nadie en el salón tenía la intención de ayudar; en cambio, parecía que lo disfrutaban, como si esperaran esto todos los días. Solo había uno cuya cara estaba distorsionada y molesta, y ese era Nicolás.
—Vamos, Jorguito, apenas fue una patada. ¿Acaso no quieres que no te molestemos? ¿Acaso disfrutas mucho de nuestra compañía, ¿eh? —Dijo Kevin sin esperar respuesta, ya que Jorgito apenas podía respirar y tomaba más tragos de aire por la boca. Su cara lucía sin vida y sin esperanza.
—No vas a contestar, ¿eh? ¿Qué tal si te doy otra para que hables con nosotros? —Kevin tomó aliento para soltar otro golpe en el mismo sitio cuando se escuchó la silla siendo arrastrada.
—PARA YA, KEVIN —Interrumpió Nicolas sorprendiendo a todos. Kevin y sus compañeros voltearon para ver quién era, y sin lugar a duda, era Nicolás. Con una mueca, Kevin volteó a verlo.
—Oh, sí, eres tú, Nicolás. ¡Qué sorpresa! No sabía que te preocupabas tanto por semejante basura. —Sin esperar más, Kevin terminó su patada, haciendo que esta vez Jorgito vomitara todo y se ahogara con sus propios vómitos.
—Kevin, para esto ya. ¿No crees que es suficiente? A este paso lo puedes matar. ¿Acaso no ves que todos aquí están incómodos por tu culpa? —Miré levemente hacia el salón, y todos tenían caras de afirmación ante mi comentario. Estefanía parecía haber encontrado a su príncipe azul; me miraba con ojos de anhelo, y yo, siendo solo un niño, caí completamente en su mentira.
Tomando más confianza, hinché mi pecho y lo quité y separé de mi compañero, del cual ni idea tenía de su nombre. Viendo cómo Kevin y su compañía se quedaban mirando, pensé que era mi victoria, y más cuando pronunciaron lo siguiente:
—Está bien, Nicolás. Supongo que nos excedimos, ¿verdad, muchachos? —
—Sí. —
—Se puede ser—
—Nos vemos luego, Nicolás. —
Con un escupitajo al suelo desapareció lentamente del salón, mi corazón latía acelerado, a punto de explotar. Me di cuenta de que las conexiones funcionan, ¿por qué me dejaron en paz? Por supuesto, era por mi influencia en la escuela. Todos los profesores me adoran, quieren que represente a la escuela. Todos los estudiantes me aman, así que claro que me respetarán. Después de ver la cara de Estefanía, Kevin se dio cuenta de que estaba de mi lado. Él sabe que no puede meterse con alguien tan influyente como su papá.
Estaba embriagado por la situación, pensando en el gran poder que tenía en mis manos. Pero fui interrumpido por Jorge.
—Será mejor que corras —soltó, apenas susurrando, y apenas pude escucharlo. Sin embargo, no le presté atención y lo dejé en su asiento, olvidándome por completo de él.
—Eres increíble, Nicolás. ¡Qué determinación tan fuerte tienes! —me elogió un compañero.
—Sí, eres muy valiente. Kevin y sus amigos dan mucho miedo. Está bien que los hayas enfrentado —dijo otro mientras más personas se acercaban para hablar conmigo.
Después de un tiempo, finalmente terminaron las clases.
—Se acabó la clase, ya pueden irse. Recuerden ir a sus casas y no anden de vagos —anunció el profesor.
Sin prestar mucha atención, todos empezaron a hablar y a retirarse. Estefanía se acercó a mí.
—Nicolás, ¿tienes planes para hoy? Podemos ir de compras —dijo, demostrando que tenía mucho dinero, o más bien, sus padres.
—Lo lamento, Estefanía, pero hoy tengo cosas que hacer —respondí, decepcionándola.
—Bueno, claro, no te preocupes. Vamos —dijo, retirándose, seguida por sus amigas. Supongo que, si las personas que buscan protección son consideradas amigos, entonces tendré que cambiar mi concepto de amistad.
Me volví para mirar a Jorge, pero él ya se había ido sin preocuparse más por mí.
Los pasillos estaban bastante ruidosos, llenos de personas yendo de aquí para allá. Los pasillos no eran nada destacables, en un edificio que fue fundado para renovar esta colonia con las mejores instalaciones educativas, pero si paredes rotas, pasillos mugrientos, aulas sin ventanas y falta de ventilación es lo que consideran las mejores instalaciones, entonces será cuestión de preguntárselo a ellos.
Cuando bajaba por las escaleras, escuché el grito de Estefanía, un sonido leve, como una queja. Rápidamente miré hacia arriba, ya que estaba en el segundo piso de esta escuela de tres pisos y un techo donde solían reunirse algunos de los “Jr. Juniors”. Reflexionando un poco, y después de haberme vuelto tan confiado, subí para ver qué estaba pasando.
Pensé que realmente algo no cuadraba. Estefanía se había ido con sus amigas hace tiempo. ¿Qué estaría haciendo arriba? Bueno, no creo que pase nada. Con mi reputación, supongo que es más que suficiente.
Pero estaba equivocado, muy equivocado. Fue un análisis torpe de mi parte, yo que me jactaba de mi inteligencia, caí en algo tan absurdo como la complacencia y la embriaguez de aquella popularidad.
Sin darme cuenta, llegué a la terraza, donde alguien estaba discutiendo. Sin demorar más, miré por el rabillo de la puerta semiabierta.
—KEVIN, YA TE LO DIJE, “ESTO NO VA A FUNCIONAR”. ¿CREES QUE ESTÁS HACIENDO LO QUE TE PAGO PARA HACER? —
—Vamos, Estefanía, no es mi culpa que no pudieras atraerlo a la trampa. ¿De quién es la culpa, eh, chiflada? —
—Pero ¿quién lo diría? Detrás de esa cara sonriente y amigable, tienes un monstruo que la respalda. Pero bueno, eso no me incumbe, ¿o sí? —
Estefanía ya no mostraba esos ojos angelicales, su rostro sonriente había desaparecido, solo quedaba su esbelto cuerpo y pelo dorado. En cambio, sus ojos parecían los de alguien poseído, sus dientes crujían por la presión.
—DEBERÍAS CALLARTE. POR CULPA DE ÉL, MUCHAS PERSONAS SE FIJAN EN ÉL. CADA VEZ TIENE MÁS GENTE EN SU CÍRCULO. LO QUIERO TODO, TODA LA ATENCIÓN PARA MÍ. NO QUIERO A NADIE QUE PUEDA PERTURBARME PARA ESO. —
Con un disgusto increíble y la arrogancia necesaria para respaldar sus palabras.
— (Bueno, supongo que es predecible. Mi jefe me dijo que sus padres no le prestan atención, le compran todo lo que quiere, aunque obviamente no se compara con la ciudad central. Aún tiene poder aquí. Será mejor mantener una relación para sacarle el máximo provecho) —
Kevin chupaba una paleta con indiferencia.
—No te preocupes, Nicolás está siendo buscado por mis colegas. No creo que tarden mucho. Y no te preocupes, después de este día, no se levantará. Y no lo digo en sentido figurado. —
— (Tengo que irme rápidamente. Fui un estúpido. Pensé que tenía todas las cartas a mi favor, pensé que podía sobrevivir en la cadena alimentaria. Pero solamente era un pez intentando subir una cascada. Era imposible subirla. Pero ellos me dejaron. No les parecía demasiado sencillo hacerlo. Esperaron hasta que estaba a punto de subir la cascada. Y como un oso esperando al pez, me quieren devorar. Para ellos, solo soy una diversión más) —
Volteándose de repente, vi una patada dirigida hacia mi cara.
AGHH
— ¿Cómo? —
Estefanía y Kevin voltearon después de escuchar un fuerte golpe.
—Kevin, mira a este imbécil. ¿Dónde estaba? Los estaba escuchando todo el tiempo—
Con la puerta abierta de forma agresiva, vi cómo salía de ella, empujado, Nicolás.
—Oye, oye, ¿no es él nuestra estrella? ¿El más popular de la escuela, me equivoco, Nicolás? —
Fue en ese momento cuando me di cuenta de que estaba en problemas. Mi piel se erizó y pude ver la crueldad de esos niños, no de la sociedad en la que vivíamos ahora.
Pensarás que es absurdo que unos niños fueran tan temerarios, con pandillas, pensamientos estratégicos y obtención de recursos. Pero te equivocas, en el año 2050, comenzaron a perder la racionalidad, o eso pienso. Las reglas comenzaron a ser más flexibles para las personas con poder. Cada vez había más casos de injusticia, la ley comenzó a ser deficiente, las personas con poder obtenían cada vez más poder, mientras que nosotros, el pueblo promedio, comenzamos a perder fuerza. Los años pasaron y las leyes humanas cambiaron para siempre. En el año 2060, se aprobaron leyes donde el poder era absoluto, las jerarquías mundiales se les llamaron ‘un poder absoluto’. Las familias grandes dominaban todo, ciudades, gente, y comenzaron a crear ciudades llamadas centrales o epicentro. Algunos las llamaban la ciudad de los sueños, pero en sus exteriores, a las orillas de ellas, se encontraban las ciudades abandonadas, gente marginada, donde poca gente le tomaba importancia. Las personas comenzaron a perder la humanidad, hasta los niños eran despiadados. Pero ¿quién no lo sería? Todos quieren sobrevivir.
Fue algo sencillo de comprender, algo que la vida me enseñó y mi mamá me enseñó. Pero en cambio, me embriagué con la reputación, pero me olvidé de algo. Sin el poder, no se llega a ninguna parte. Piénsalo, si una persona tiene mucho dinero, propiedades, reputación y conexiones, pero es débil, sí, débil, una persona que se doblegaría por unos simples golpes o daños en su cuerpo, ¿por qué no quitarle todo? ¿Y quién lo va a ayudar? ¿Sus conexiones? Las personas invierten en personas habilidosas. Si no lo ayudan, esa persona no tiene potencial. Y ¿qué tal si lo reemplazo y le sigo dando lo mismo que a su anterior conexión? No les importará que lo reemplacen entonces.
Mi caso es igual, soy reemplazable, solo soy un peón, sin ningún poder, pero con mucho que quitarle. Claro que optarán por devorarme, algo tan claro y visible en esta sociedad. Lo perdí de vista.
—Nicolás, parece que sabrás qué pasará a continuación, ¿verdad? —
Tomando un tubo que estaba ahí, poco a poco se acercó. Mi instinto me decía que huyera, pero mis piernas no se movían. Solo podía gatear de espaldas, para alejarme cada vez más, pero choqué con algo. Volteé la mirada y era el de la patada, pero su sonrisa era el mismísimo diablo. No, no era solo él, todos tenían la misma cara. Perdieron la humanidad, solo piensan en destruir. Estefanía me miraba con cara de odio, resentimiento y, sobre todo, disgusto, o no, la palabra sería asqueada por mí. Bueno, eso fue irrelevante en aquel momento.
Los gritos no dejaron de escapar de la terraza…